Roma: en busca de la belleza

Roma: en busca de la belleza

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Detalle de la fuente de los Cuatro Ríos en la Plaza Navona
Hay muchas formas de recorrer esta ciudad, pero la de los escenarios de ‘La gran belleza’, película de Paolo Sorrentino, ponen de manifiesto que la eternidad de la capital italiana reside precisamente en el magnetismo de su decadencia hipnótica.

Por Irene Hernández Velasco

La verdad es que los romanos me resultan insoportables. Los mejores habitantes de Roma son los turistas”. Eso asegura en un momento dado, con su característica frivolidad acompañada con frecuencia de un toque de profundidad, ese tipo culto, sarcástico, cínico, desencantado e intensamente esnob que es Jep Gambardella.

En realidad Gambardella, el personaje que interpreta el gran Toni Servillo en el muy aclamado filme de Paolo Sorrentino La gran belleza (La grande bellezza, 2013), es muy parecido a la Roma que se narra en esa película y que, aunque muchos no lo crean, existe de verdad, es absolutamente real. Se trata de una Roma decadente, ostentosa, exagerada, incapaz de sorprenderse ya por nada, de vuelta de todo pero que, aun así, rebosa belleza por sus cuatro costados. Una Roma desmesuradamente hermosa pero en declive, llena de bótox y de excesos, hija del berlusconismo más salvaje y excesivo y que rara vez alcanzan a atisbar los más de siete millones de turistas que al año acuden a visitarla.

El Palazzo Spada resume en la película lo que es Roma: una ciudad que nunca es lo que parece

“La película La gran belleza no solo muestra la Roma de las postales; también nos adentra en la que queda oculta detrás de portones, muros y cancelas que aparecen siempre cerradas. Y, sin embargo, existe una manera de visitar esa Roma que parece inaccesible”, asegura el historiador de arte Costantino D’Orazio, autor del libro La Roma secreta de la película ‘La gran belleza’.

Adelante, pues. Echemos un vistazo a esa otra Roma del indolente y hastiado Gambardella…

VISTAS AL COLISEO
Empecemos por el principio. Es decir, por la primera escena de la película: la magnífica fuente del Acqua Paola. Aunque si pregunta por ella con ese nombre, es muy posible que nadie sepa indicarle dónde se encuentra. Los romanos la conocen como Er Fontanone, algo así como el fuentón, en alusión a las colosales dimensiones de ese espléndido monumento barroco de mármol blanco situado en plena colina del Gianicolo. Aunque también hay que decir que la fuente en cuestión trae un poco de cabeza a las autoridades españolas en la Ciudad Eterna: la residencia del embajador español ante Italia, así como el Colegio Español en Roma, se encuentran muy próximos al Fontanone, y más de una vez han padecido humedades por culpa de sus filtraciones de agua.

El Coliseo romano.

Muy cerca de allí, y por seguir en clave española, se encuentra San Pietro in Montorio, una iglesia y un convento franciscano levantados por voluntad de los Reyes Católicos allá por el año 1481. En uno de los dos claustros del convento, allí donde supuestamente fue crucificado san Pedro, se erige el Tempietto del Bramante, una joya de la arquitectura renacentista que sirve de escenario al encuentro entre Jep Gambardella y una madre que busca desesperada a su hija.

El protagonista de La gran belleza, por su parte, vive en un fastuoso ático en el número 9 de la plaza del Colosseo, uno de los monumentos más famosos del mundo. Es en ese ático donde tienen lugar los guateques en los que los invitados se divierten haciendo la conga. “Son bonitos los trenecitos que hacemos en la fiestas, ¿verdad? Son los más bonitos del mundo… porque no van a ninguna parte”, en palabras del propio Jep.

Pero si lo que quiere es ver el escenario real en el que han transcurrido algunas de las fiestas más salvajes de Roma, solo tiene que acudir a la calle del Plebiscito. Allí, en el número 102, se erige el Palazzo Grazioli, la residencia romana de Silvio Berlusconi, donde han tenido lugar algunos de los célebres bunga-bungas del tres veces exprimer ministro italiano.

Sin embargo la Roma más maravillosa es la desierta, silenciosa y sin gente que Jep Gambardella se encuentra muchas veces al volver a su casa al amanecer después de salir a las tantas de alguna de sus alocadas fiestas. Es una Roma mágica, suspendida en el tiempo y en el espacio, como la que se encuentra una madrugada Gambardella en el monte Aventino, cuando se topa con un grupo de novicias en el deslumbrante pórtico de la basílica de Santa Sabina y observa a una de ellas tratando de coger un fruto en el Jardín de los Naranjos.

La cúpula de San Pedro, vista desde los jardines y la zona residencial de clase alta que hoy ocupa la colina Aventino.

También en el Aventino se encuentra otro lugar prodigioso: el Gran Priorato de la Orden de los Caballeros de Malta, erigido sobre un monasterio benedictino del año 939 que, a finales del siglo XII, pasó a manos de los templarios y que en el 1312 fue a parar a los Caballeros de Rodas, rebautizados como Caballeros de Malta a partir del año 1522. Si uno pega el ojo a la cerradura de ingreso al recinto, se disfruta de una de las vistas más alucinantes de Roma. Se observa un pasillo de plantas podadas con esmero y, al final del mismo, la gran cúpula de la Basílica de San Pedro; una imagen onírica que no podía faltar (y no falta) en la película.

EL ‘LOOK GAMBARDELLA’
Pero La gran belleza versa también sobre la frivolidad de Roma. Por tanto, pongámonos frívolos y vayamos de compras y a comer. Al fin y al cabo, el propio Jep Gambarella es un bon vivant, un dandi genuino, un tipo elegante que viste de modo bastante clásico pero con un toque especial que incluso raya en lo excéntrico. Su estilo es tan particular que, tras el éxito del filme y de alzarse en 2014 con el oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa, se desató en medio mundo la fiebre por el look Gambardella.

La mala noticia es que el sastre que se ocupó del vestuario de Toni Servillo en la película no se encuentra en Roma: se trata de la sastrería napolitana Cesare Attolini. La buena es que Roma es realmente un auténtico hervidero de la elegancia; en la ciudad se cuentan más de 300 estudios de sastrería de alta gama.

Ahí está, por ejemplo, Litrico (en la calle de Pasquale Alecce, 19), que ha vestido a Marcello Mastroianni, a Vittorio Gassman, a John Fitzgerald Kennedy, a Richard Burton… O Battistoni, por cuya tienda en la mítica calle dei Condotti, 61 han desfilado todos, desde varios duques de Windsor hasta Andy Warhol, Alberto Moravia o Jean Cocteau. Y ahí al lado, en el número 79 de esta misma vía, se encuentra Giorgio Armani Uomo. Viene a colación porque este diseñador es precisamente quien firma los traje oscuros que Gambardella viste en una fiesta, en un jardín y en un funeral.

COMIDA PARA QUITARSE EL SOMBRERO
No hay que olvidar, por supuesto, los complementos. Los sombreros que luce Jep son todos de la firma Borsalino, con varias tiendas en Roma. Y, en lo que respecta a los calcetines, no lo dude: para conseguir el inigualable toque Jep, nada mejor que acudir al número 34 de la calle di Santa Chiara, en la parte de atrás del Pantheon, y entrar en la sastrería eclesiástica Gammarelli, encargada desde 1798 de vestir a los mismísimos papas. Allí es posible hacerse con unos magníficos calcetines de hilo de Escocia dignos de un obispo o de un cardenal, en morado intenso o en rojo purpurado.

Muy cerca se encuentra Armando al Pantheon, un restaurante al que hace referencia Jep Gambarella en uno de sus diálogos. Se trata de un pequeñito y de un negocio familiar en el que es imprescindible reservar y donde se come de fábula.

Después de la comida, se impone un buen paseo. Una buena opción es dar un salto hasta el Palacio Spada y admirar allí la fantástica perspectiva del Borromini, una obra maestra del trampantojo y el ilusionismo. Se trata de una galería de nueve metros de largo que, gracias a la aplicación de las leyes ópticas, parece tener casi 40 metros de longitud. Un lugar mágico a cuya fascinación Jep Gambarella no se puede resistir y que resume muy bien lo que es Roma: una ciudad que nunca es lo que parece.

LA OTRA ‘DOLCE VITA’

Los Globos de Oro, los BAFTA y los Oscar se rindieron a esta revisión del desparpajo sin preocupaciones de las clases altas romanas en la época de Berlusconi. Por el gran escenario de Roma pasean sus protagonistas y alguno de ellos recala en un lugar real de comida casi onírica, muy recomendable para el visitante.

TONI SERVILLO
Este veterano actor napolitano se convierte en el filme, gracias a una interpretación magistral, en ese cínico sentimental y nostálgico llamado Jep Gambardella. “Roma con su belleza demuestra que hubo una época en la que las grandes oportunidades fueron aprovechadas”, ha asegurado el intérprete.

SABRINA FERILLI
Artista romana de cine, teatro y televisión que da vida en la película a Ramona, una stripper ya madura. Ella acompaña a Jep Gambardella en el precioso paseo por los palacios de los príncipes desde la puerta de Santa María del Priorato, por donde se descubre la cúpula de San Pedro, a la Villa Medici.

CLAUDIO GARGIOLI
Armando al Pantheon es uno de los restaurantes más apreciados por los romanos. Pequeño y familiar, es frecuente toparse allí con políticos y famosos varios que acuden a deleitarse con la cocina pero con toque de Claudio Gargioli, su chef. En La gran belleza uno de los personajes almuerza allí a diario.

LA ETERNIDAD EN EL CELULOIDE

Roma tiene una dilatada trayectoria cinematográfica. En la Ciudad Eterna fue donde, en 1945, despegó el neorrealismo con Roma Città Aperta, la película de Roberto Rosellini, o donde Vittorio de Sica rodó en 1948 esa joya llamada Ladrón de bicicletas. Roma es el escenario de La Dolce Vita (1959) de Federico Fellini. Y, por supuesto, la capital italiana fue una de las grandes fuentes de inspiración de Pasolini, una de cuyas películas se llama precisamente Mamma Roma (1962).

CINECITTÀ
Numerosas superproducciones se han rodado en Roma y en sus míticos estudios de Cinecittà, de donde han salido más de 3.000 películas, de las que 90 han sido nominadas a los Oscar y 47 han logrado la famosa estatuilla. La primera que se filmó aquí fue Quo Vadis? (1951), a la que siguieron Cleopatra, Ben Hur… Y, cómo no, Vacaciones en Roma (1953), dirigida por Billy Wilder y con Gregory Peck, Audrey Hepburn y la propia ciudad de Roma como protagonistas.

AUDREY HEPBURN
“Cada ciudad, en su estilo, es inolvidable. Pero si me preguntan cuál es mi preferida, diría que Roma”, sentenció Audrey Hepburn, que disfrutó durante 20 años de ella, ya que se estableció en la capital romana tras casarse en 1969 con un psiquiatra llamado Andrea Dotti.