El auge del turismo industrial

El auge del turismo industrial

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A más de 300 metros de profundidad y con más de 300 kilómetros de recorrido, la mina de sal Wieliczka (Polonia), aún activa, es Patrimonio de la Humanidad desde 1978.
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Fábricas, minas e industrias sin uso abren sus puertas a los visitantes y se convierten en productos turísticos que revitalizan el entorno e implican a una gran parte del tejido económico local: un balón de oxígeno para zonas que tuvieron en estas industrias su principal fuente de riqueza.

Por: Paloma Balbín

Cuando Juan Díaz tuvo la oportunidad de bajar al Pozo Sotón no lo dudó: siendo hijo y nieto de mineros, era una buena ocasión para vivir en primera persona las historias tantas veces oídas a sus mayores. El ruido de la sirena, la oscuridad o el descenso a más de 500 metros de profundidad lo situaron en un contexto que antes solo había vislumbrado. Y ello fue posible gracias a que, en 2015, el Grupo Hunosa abrió al público las puertas de esta mina asturiana, convirtiéndola en un reclamo capaz de dar mayor visibilidad a la zona.

El turismo industrial –rama del cultural que implica la visita a centros de producción, aún en activo o ya en desuso– cuenta con una trayectoria bien consolidada en algunos países de Europa: las fábricas textiles del valle del Derwent, en Reino Unido; los altos hornos de Völklingen, en Alemania; o la mina de sal de Wieliczka, en Polonia, son destinos de primer orden desde hace muchas décadas. Pero en nuestro país, donde el fenómeno es más reciente, algunas regiones también están haciendo una buena gestión de sus recursos industriales, según explica Carlos Pardo, profesor de Análisis Geográfico Regional en la UNED y especialista en el tema.

OBJETIVO: LLAMAR LA ATENCIÓN
Los parques mineros de Almadén (Ciudad Real), Riotinto (Huelva) o de la sierra de Cartagena-La Unión (Región de Murcia) son prueba, en opinión de Pardo, de cómo la recuperación de patrimonio industrial beneficia al entorno. “Estas zonas estuvieron muy degradadas y, en los últimos años, han sido recuperadas desde el punto de vista ambiental, arquitectónico, paisajístico y turístico, con cierta repercusión en las poblaciones locales”, explica. Así fue, por ejemplo, en el caso de Almadén, donde, aunque la prohibición de exportar mercurio metal desde la UE puso fin a su principal actividad económica, la creación del parque y, en 2012, su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco han dado lugar a una nueva fuente de riqueza.

En el caso del Pozo Sotón, Hunosa pensó que su apertura al público solo podía tener ventajas. “Las minas en funcionamiento siempre han admitido visitas, pero en un momento dado las solicitudes eran tantas que llegaron a constituir un problema”, señala José Enrique Mencía, jefe de Prensa de Hunosa. Por eso, cuando a finales de 2014 cesaron los trabajos en el Sotón, la empresa consideró una buena idea centralizar allí a los curiosos; además, como el pozo seguía funcionando como auxiliar de otro próximo y era necesario hacer labores de mantenimiento, el cobro de las entradas contribuiría a reducir los gastos.

Una vez tomada la decisión, Hunosa buscó guías entre los mineros y empezó a preparar un recorrido completo: “Cuando llegamos, tras facilitarnos mono, casco, botas y guantes, nos dieron una pequeña charla de seguridad, nos contaron la historia del pozo y vimos la parte exterior. Luego comenzamos el descenso, en ascensor y a través de rampas y escaleras verticales, por un ambiente muy oscuro”, indica Juan Díaz.

Si bien Díaz asegura que ni él ni nadie de su grupo pasó miedo, el impreso de solicitud de entrada tiene “más advertencias que un paquete de tabaco”, bromea Mencía. Los niños no pueden bajar y los jóvenes de 16 y 17 años necesitan autorización de sus tutores. No obstante, Hunosa organiza recorridos guiados y gratuitos por el exterior, y el Museo de la Minería y la Industria de Asturias está a unos tres kilómetros: “Así, mientras los padres bajan al Sotón, los hijos con la abuela pueden ir a verlo”, sugiere Mencía. En año y medio, el Pozo Sotón ha recibido más de 3.000 visitantes, cifra nada desdeñable si se tiene en cuenta que, por cuestiones de seguridad, solo pueden entrar grupos pequeños. Tampoco en este caso el principal beneficio es económico; su interés radica en la originalidad de la idea, capaz de llamar la atención de los medios de comunicación y, en consecuencia, de favorecer a recursos turísticos próximos. De todos modos, para que los territorios mineros asturianos se consoliden como destino, es importante que las entidades de la zona cooperen entre sí en el diseño “de una oferta más ambiciosa, con propuestas conjuntas y organizadas”, afirma Mencía.

LA XATIC CATALANA ABRE TAMBIÉN FÁBRICAS EN ACTIVO AL PÚBLICO
La Ruta Europea de Patrimonio Industrial (ERIH, por sus siglas en inglés) es una organización para la comercialización y promoción del turismo relacionado con paisajes y lugares que han dejado su huella en la historia industrial del Viejo Continente. Su página web (www.erih.net) cuenta con alrededor de 1.315 sitios en más de 40 países. La ruta principal une distintos puntos por país, seleccionados por su especial relevancia. En España hay cinco: el Museu Agbar de les Aigües (Cornellá de Llobregat); el de la Ciencia i la Técnica de Catalunya (Tarrasa); el Parque Minero de Almadén (Ciudad Real); el de Riotinto (Huelva) y el Museo del Ferrocarril de Asturias (Gijón). Además existen rutas temáticas y regionales (por una zona geográfica determinada).

TRABAJO EN RED
Cataluña es una de las comunidades autónomas que, en opinión de Pardo, está haciendo mejor promoción de su patrimonio industrial, y buena parte del éxito se debe precisamente a la colaboración entre instituciones. Por un lado, el Sistema Territorial del Museu Nacional de la Ciència i de la Tècnica de Catalunya, con sede en Tarrasa, coordina una trama de 28 museos, ubicados en antiguas fábricas y colonias de trabajadores. Por otro, en 2006 se creó la Xarxa de Turisme Industrial de Catalunya (Xatic), asociación de 21 municipios entre cuyos logros se encuentra que la Generalitat haya creado la marca Turisme Industrial, distintiva de las localidades participantes en la red.

Xatic nació en 2006 con el objetivo de acceder a fondos de un plan de dinamización del turismo industrial que, con un presupuesto de 1.500.000 euros, financiaban los municipios, la Generalitat y el Estado. Cuando el proyecto llegó a su fin, los Ayuntamientos acordaron mantener la red y consolidar los recursos en los que habían invertido el dinero. “En estos momentos, como somos una asociación de municipios y no podemos vender nuestros productos directamente, estamos buscando pequeñas agencias que los comercialicen”, explica Pepi Martínez, secretaria técnica de la Red.

MÁS DE 6.000 SOCIOS
El público interesado en las propuestas de turismo industrial en Cataluña “está formado por familias con niños no muy pequeños procedentes del entorno, porque están cerca y porque la historia que se les muestra les afecta directamente. También hay gente de más edad, a quienes todo esto retrotrae a su propia historia; y colectivos de estudiantes de todas las franjas”. Además Xatic organiza actividades para profesionales extranjeros: “Por ejemplo, si viene un grupo de dentistas suecos que desea conocer cómo se trabaja aquí en un laboratorio de prótesis, nosotros se lo organizamos”, aclara Martínez.

Con el fin de potenciar las visitas a empresas en funcionamiento, Xatic ha creado el programa Industria viva, que permite entrar en una fábrica de pasta o en una piscifactoría. Para las empresas es interesante porque, cuando el consumidor conoce los procesos de producción, aumenta su confianza. Además, la red ha creado el Club Xatic, que ofrece ventajas en productos turísticos a sus socios, en este momento, más de 6.000.

Entre todos los recursos de la red Xatic suman un volumen anual de un millón de visitantes; Riotinto cerró 2016 con 89.235 y Almadén, con 13.846: “Una vieja fábrica nunca va a generar los beneficios de un gran museo, pero son sitios muy identitarios; tienen el valor de mantener vivo el recuerdo de la gente que siente eso como suyo porque, o bien trabajó en ellos, o bien los consideran parte del paisaje de su localidad”. Sin duda, “la rentabilidad obtenida de la recuperación del patrimonio industrial va más allá de lo económico”, concluye Pardo.

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