Tokio: fascinación que nunca muere

Tokio: fascinación que nunca muere

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Uno de los innumerables y estrambóticos ‘looks’ con los que el visitante se puede topar en Tokio, especialmente en el barrio de Harajuku.
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La capital de Japón lo tiene todo. Y nunca deja indiferente. A pesar de la crisis económica que persigue al país desde hace dos décadas, la ciudad ha sabido reinventarse para mantener todos sus atractivos intactos.

Por: Zigor Aldama

Es divertido ver la cara de estupefacción y desasosiego que ponen los visitantes la primera vez que se enfrentan al mapa del metro de Tokio. El bol de fideos lo llaman muchos en la capital japonesa. Y, por si las numerosas líneas gestionadas por diferentes compañías no fuese suficiente, tienen además que pelear con las enrevesadas máquinas expendedoras. Es toda una odisea que sirve de aperitivo para lo que espera luego en la urbe más poblada del planeta: una constelación tan fascinante como aterradora, un complejo conjunto de mundos que parecen paralelos pero que no tienen sentido por sí solos.

De hecho, es difícil encontrar otro lugar en el que los barrios tengan un carácter tan marcado y diferente del resto. Harajuku es el núcleo joven y exótico, donde se dan cita las tribus urbanas más variadas; la cercana Shibuya, con su famosa estatua del perro Hachiko y con el icónico cruce en forma de rombo partido que Scarlett Johannson recorrió con un paraguas trasparente en Lost in Translation, es el corazón comercial más jovial, lleno de hoteles del amor y garitos de música alternativa; Shinjuku, el barrio de los rascacielos futuristas y la sobredosis de neón, es quizá el que mejor resume el imaginario colectivo que Occidente asocia con Tokio; Akihabara es sinónimo de electrónica y de tiendas abigarradas junto a ruidosos locales de pachinko –la versión japonesa y sin monedas de las tragaperras–; Asakusa podría ser su antítesis, con templos relajados y pequeños mercados de corte tradicional; el parque de Ueno sirve de remanso de paz; y ahí estará siempre Ginza, paradigma del lujo.

Pocas ciudades se han reinventado con tanto éxito después de haber acabado hechas escombros

Efectivamente, Tokio cuenta con algo para todos los tipos de público. Desde los amantes de la cocina, que tienen a su disposición un espectacular abanico de opciones para deleitar el paladar, hasta los entusiastas de la arquitectura, porque Tokio alberga algunos de los edificios más emblemáticos del siglo XX y no tiene intención de quedarse atrás en el XXI. También están de enhorabuena los enamorados del shopping, los cazadores de tendencias o los apasionados de la cultura. Sobre todo estos últimos pueden disfrutar de una espectacular oferta de museos que indagan en diferentes aspectos del universo nipón.

SUMOS, KATANAS Y ANIMÉ DE MUSEO
El Museo Nacional de Tokio no tiene rival en el terreno artístico, aunque merece la pena complementarlo con el Museo Nacional de Arte Moderno. Juntos proporcionan una fascinante muestra de la evolución creativa en el país del Sol Naciente. Por su parte, el Museo Edo-Tokyo sirve para hacerse una idea de cómo era la ciudad, y la vida en ella, durante los períodos Edo (1603-1868) y Meiji (1868-1912). Es interesante porque, teniendo en cuenta que la urbe sufrió una devastación casi total durante la Segunda Guerra Mundial, si algo se echa de menos en la ciudad son vestigios del pasado.

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El Centro Nacional de Arte de Tokio, un innovador espacio, diseñado por Kisho Kurokawa y dedicado a las artes visuales, en el que conviven arte y gastronomía.

Luego abundan centros expositivos que solo tienen cabida en Japón y que resultan interesantes para ahondar en aspectos socioculturales muy peculiares: el que recorre la historia del sumo –la lucha libre particular del país–, el de las katanas –las espadas niponas–, el que analiza la evolución de la publicidad, o los que recogen algunos ejemplos del animé y el manga –los cómics japoneses–. Hay hasta un museo de parasitología, aunque es recomendable solo para estómagos a prueba de emociones fuertes.

En cualquier caso, la fascinación que ejerce Tokio, y que ha sabido reinventar una y otra vez desde el despegue económico de la década de 1980, está en sus calles. Lo cuentan los extranjeros que residen allí. “Desde pequeño había sentido una gran fascinación por Oriente y, concretamente, por Japón. Cuando llegué a Tokio la primera vez me sentí en una película de ciencia ficción. Todavía hoy, seis años después, creo que es como vivir una película”, explica Óscar Gómez, ingeniero de una multinacional nipona. “El civismo de la población, la limpieza y el orden son cosas que algunos consideran aburridas. Pero convierten a Tokio en un lugar excepcionalmente acogedor a pesar de que la población no es dada a mostrar sus emociones”, añade Yolanda Gutiérrez, consultora.

“Tokio es una ciudad fascinante y llena de contrastes. En un mismo barrio tienes amplias avenidas llenas de neones y pequeños callejones apenas iluminados por los farolillos de los restaurantes. Puedes pasar del bullicio de una calle llena de gente y comercios al silencio de un santuario situado en apenas unos pasos. De hecho, eso es lo que más sorprende al viajero: que modernidad y tradición vayan de la mano de una forma tan estrecha en una ciudad tan grande como Tokio”, cuenta David Esteban, fundador de Viajar por Asia, una empresa de servicios turísticos y de receptivo en Japón.

CIUDAD DE SOMBRAS
No obstante, la población local ve la megalópolis de otra forma. Sin la admiración y el misticismo que le otorgan los occidentales, muchos japoneses señalan las sombras de Tokio, esas que se atisban aquí y allá pero que terminan pasando desapercibidas. Es el local subterráneo que utiliza fotografías de jóvenes aniñadas en ropa interior como reclamo; el bar en el que empleados encorbatados salen a cuatro patas después de varias rondas con su jefe a altas horas de la noche; los cafés en los que mujeres vestidas de sirvientas dan de comer en la boca a clientes varones; o los vagones del metro en los que solo pueden viajar mujeres para evitar el acoso chikan, como se conoce a los hombres que abusan de ellas o tratan de grabar discretamente lo que se esconde bajo sus faldas.

Un local en la zona de Okachimachi, cerca de Ueno.
Un local en la zona de Okachimachi, cerca de Ueno.

“En la superficie, Tokio es una ciudad ejemplar. Pero si rascamos un poco, enseguida nos encontramos con algunos de los grandes males de la sociedad japonesa, que va de un extremo a otro porque está excesivamente reprimida por una estricta serie de convenciones que anulan el individualismo”, explica la socióloga Mina Takeuchi. “Abundan el machismo, la perversión y fenómenos exclusivamente nipones como el de los hikikomori –los jóvenes que nunca abandonan su domicilio y, en ocasiones, ni siquiera su habitación–. Japón, y sobre todo Tokio, nunca liderará los ránkings de felicidad mundial”, sentencia.

LAS CENIZAS Y EL FÉNIX
Afortunadamente para quienes solo están de paso, Tokio es una ciudad extremadamente segura que también ofrece un impresionante abanico de inofensivas actividades de ocio. Desde los pequeños bares temáticos del abigarrado distrito Golden Gai hasta los sofisticados nightclubs de Roppongi, pasando por los sexuados establecimientos de Kabukicho y un tipo de local que es una experiencia en sí mismo: el karaoke. Aquí nació y desde aquí se extendió uno de los pasatiempos más populares de toda Asia.

Además, la escena nocturna de Tokio también se ha enriquecido con un buen número de salas de música en directo que ofrecen todo tipo de ambiente: desde el jazz más clásico, hasta el rock punk de bandas locales alternativas. “Hay que reconocer que pocas ciudades han sabido reinventarse con tanto éxito después de haber acabado hechas escombros”, explica el profesor de Historia de la Universidad de Tokio, Kokichi Takahashi. “Berlín es otra de las que lo ha conseguido. Y tienen aspectos en común. Tokio también está tratando de convertirse en uno de los centros neurálgicos del arte en el mundo, y ya marca tendencia en muchos sectores, como el diseño o la moda. A pesar de que la economía no ayuda desde hace más de dos décadas, la ciudad sigue resultando competitiva frente a nuevas estrellas como Shangái o Bangkok”.

Tokio no deja indiferente. Ni defrauda. Puede resultar excesiva, incluso agobiante en su reverencial perfección. En ocasiones también apunta hacia un futuro que coquetea con lo inhumano, y quienes viven en la ciudad reconocen que cuesta habituarse a sus magnitudes y a su exigencia con sus trabajadores. Pero también que tiene un enorme poder de seducción. Es la ciudad total. Quizá la más fascinante del mundo.

DELICIAS GASTRONÓMICAS

Tokio es la ciudad con mayor número de estrellas Michelin del mundo: 226 restaurantes tienen alguna, muy por delante de París (segunda del ránking, con 94 establecimientos distinguidos por la popular guía turística). Pero lo mejor de la capital japonesa es que se puede dar gusto al paladar en casi cualquier sitio.

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La sopa de fideos japonesa por antonomasia se puede degustar en cualquier esquina. Generalmente, en pequeños restaurantes donde apenas cabe una docena de comensales. Pero nadie la prepara mejor que Yuki Onishi, el chef de Tsuta. El año pasado se convirtió en el primero galardonado con una estrella Michelin, y vaya si la merece.

destino-3-05SUSHI
Según Jiro Ono, una de las principales autoridades culinarias de Japón, las mujeres no pueden preparar sushi –pescado crudo sobre una cama de arroz blanco o en un rollo recubierto de alga seca– porque tienen las manos calientes. Para luchar contra ese machismo, un grupo de mujeres ha abierto Nadeshico Sushi, un establecimiento digno de visitar.

destino-3-06‘MAID CAFÉS’
En la parte más extravagante del universo tokiota no faltan tampoco establecimientos de hostelería. Los más conocidos son los maid cafés, en los que chicas vestidas de sirvientas dan de comer a una clientela mayoritariamente masculina. Como alternativa, los amantes de los gatos pueden ir a otros cafés que están llenos de ellos.

DORMIR DE FORMA DIFERENTE

El alojamiento en Tokio es uno de los más caros del planeta. Hoteles y hostales ofrecen habitaciones minúsculas –eso sí, impolutas y diseñadas para maximizar el espacio– a precios poco asequibles. No obstante, como alternativa, existen dos tipos de establecimientos típicos de Japón que ofrecen una experiencia única:

destino-3-07HOTELES CÁPSULA
Parecen nichos para los vivos, pero las apariencias engañan: los hoteles cápsula pueden hasta resultar cómodos. Se popularizaron en los 80 entre trabajadores que no llegaban al último tren de la noche o que habían bebido más de la cuenta, y ahora también tienen tirón entre visitantes que no padecen claustrofobia.

destino-3-08‘RYOKAN’
Los hoteles tradicionales japoneses, generalmente negocios familiares en los que el huésped duerme en un sencillo futón sobre el suelo, suelen ofrecer una experiencia más hogareña, así como habitaciones más amplias decoradas con el estilo minimalista tradicional del país. Por regla general resultan más económicos.

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