Un viaje por Europa de viñeta en viñeta

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BRUSELAS Y ANGULEMA SON LAS CAPITALES EUROPEAS DEL CÓMIC

Entrada del Museo Hergé de Bélgica.
Entrada del Museo Hergé de Bélgica.
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Los museos y parques dedicados a Tintín, Astérix o los pitufos y las ciudades decoradas con sus aventuras convierten las patrias de Hergé y Uderzo en uno de los destinos más solicitados por nostálgicos de su infancia.

Por: Lidia Soria

Los cómics nos han hecho viajar sin movernos de casa. En el tiempo y por todo el mundo, han conseguido, viñeta a viñeta, trasladarnos una fantasía, una historia, la cultura de una época, siempre en un marco que nos encantaría reconocer. Cuando hablamos de destinos, rápidamente vienen a la cabeza lugares como China, Rusia, Egipto, el Congo o India, que llegaron a Bélgica y luego a toda Europa gracias a Georges Remi, más conocido como Hergé, con Las aventuras de Tintín. O quién no ha querido seguir los pasos del intrépido Corto Maltés para perderse, cómo no, en su secreta Venecia.

Esas pequeñas historietas han creado inquietudes y, sobre todo, nostalgias que el turismo se encarga de saciar. Museos, tiendas o murales gigantes en las fachadas de la calle hacen que el noveno arte llene la oferta de ciudades que, con orgullo, exhiben lo mejor del cómic. La oficina de turismo de Bruselas reconoce, por ejemplo, que este turismo es hoy el tercero en importancia de la capital, después del que llega para disfrutar de su art nouveau –impulsado por el arquitecto Víctor Horta– y de su Patrimonio de la Humanidad, liderado por la Grand Place. Así lo señala el consejero de Producto de la Oficina de Turismo, Emmanuelle Osselaer. El Comic Strip Festival recibe durante tres días 115.000 visitantes (en un año, llegan a Bruselas 185.000 turistas españoles), siendo uno de los eventos que más acogida tiene en menos tiempo. Figura por delante de otros como La Noche en Blanco o el Día del Orgullo Gay, e iguala el número de visitantes que en 10 días recibe el famoso Brussels Summer Festival.

TINTÍN Y CORTO MALTÉS, DE LA MANO
Según la oficina de turismo belga, la bande dessinée (como se conoce en el mundo francófono a las historietas o álbumes) explora todos los géneros sin que ninguno se imponga. Además, el mundo del cine se interesa por el cómic belga cada vez más, como lo indican las últimas películas que se han estrenado sobre los pitufos y Tintín. Se estiman en más de 300 los festivales de cómic que se celebran en el ámbito francófono, lo que supone casi la celebración de un festival al día. Estas cifras ratifican, de hecho, la legitimación de la historieta desde los años 60.

La estación de metro de Stockel, en Bruselas, fue diseñada por el mismo autor de Tintín un año antes de morir

El intrépido periodista Tintín y su perro Milú recorrían medio mundo en busca de nuevas vivencias y, ahora, los que las quieren recordar acuden a Bélgica, que ha sabido aprovechar el gran éxito de Hergé para adecuar parte de su oferta turística. Una ruta específica con murales del personaje y su mundo decoran la capital, y las estaciones de metro cuentan con viñetas de Hergé; la de Stockel concretamente fue diseñada por él mismo un año antes de fallecer. Y, a pesar de haber nacido en el barrio bruselense de Etterbeek, ha sido la ciudad de Lovaina la que le ha dedicado un museo a toda su trayectoria.

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La influencia entre autores es visible y reconocida, por lo que el Museo Hergé acoge, hasta el 6 de enero, una exposición dedicada a Hugo Pratt, el autor italiano de Corto Maltés, que consiguió crear el mito del eterno aventurero. Y como nada es casual, 20 años después de que Pratt nos dejara, esta exhibición llega tras el nuevo proyecto que continúa la saga del personaje de la mano de los españoles Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero, quienes lo conducen hasta el Gran Norte, entre EE UU y Canadá. Aunque si hay un lugar que se identifica con el marino errante este es, sin duda, Venecia. No sin motivo Guido Fuga y Lele Vianello publicaron hace unos años una original guía de viajes: La Venecia secreta de Corto Maltés, en la que trazan siete itinerarios en los que hallar los lugares mágicos y escondidos de la hermosa ciudad flotante.

LOS PITUFOS, LUCKY LUKE, SPIROU…
Bélgica también es la cuna de los pitufos, esas pequeñas y mágicas criaturas azules que desde el primer capítulo parece que van a desaparecer por la picadura de un mosquito, pero que consiguen tener larga vida gracias a la sabiduría de Papá Pitufo. Para ellos, y en memoria también de su autor, el gran Pierre Culliford (mundialmente conocido como Peyo), el Museo MOOF de Bruselas dedica gran parte de su espacio a exponer los originales y pequeños muñecos, cuyas copias adornan más de una estantería en el mundo.

Lucky Luke también fue creado por un dibujante belga, Maurice de Bévère (Morris); Spirou es hijo de Rob-Vel, seudónimo de Robert Velter; y Tomás el Gafe y El Marsupilami, de André Franquin. Otro de sus grandes maestros, Jijé –seudónimo del dibujante Joseph Gillain–, creó las bases de la escuela belga del cómic y grandes historias como la de Blondin et Cirage. Jijé cuenta en Bruselas con un museo dedicado en exclusiva a su trabajo.

La capital francesa del cómic es Angulema, que celebra un festival desde 1969

El autor de la obra La historia del cómic belga, Geert De Weyer, considera que todavía hoy en día la política sigue sin tratar como se merece a la industria del cómic, “incluso con desprecio o indiferencia”, a pesar de que se trata “de uno de los mejores productos de exportación” en el caso concreto de Bélgica. De Weyer –periodista, conservador del Museo MOOF y una de las voces más respetadas en el sector– destaca que una de las tendencias que experimenta en estos momentos este mercado es el de su apertura hacia el turismo chino, tras la traducción al mandarín de algunos de sus historietas más famosas. De Weyer reconoce que el mercado es “particularmente abierto”, y asegura que la Feria del Libro de Pekín, la más importante en Asia, ha hecho que el interés “sea aún más creciente”. El turismo del cómic ayuda, por lo tanto, a diversificar los mercados.

DE ASTÉRIX A ANGULEMA
Junto a su país vecino, Francia también lidera este mercado, ya que allí comenzaron autores tan consagrados como René Goscinny y Albert Uderzo, creadores de la gran saga Astérix, el galo, que nos transportó a la Galia, la única zona del país que aún no había sido conquistada por los romanos. Junto con Tintín, es el cómic más famoso en todo el mundo que se haya escrito en francés. Para los enamorados de esta historieta, París creó el parque temático que les recuerda, el Parc Asterix, en el que se ofrecen, por un lado, las atracciones y, por otro, la recreación de los personajes, su pequeña aldea y el mundo romano del que han disfrutado generaciones enteras.

Pero en Francia no es París la cuna del cómic, a pesar de haber acogido este año el Comic Con: lo es la ciudad de Angulema. Desde el suroeste del país, a orillas del río Charente, ha sabido posicionarse en el mundo como una referencia de la historieta después de que, en 1969, se creara el Festival del Cómic, cuyo gran premio ha ido a parar este año al japonés Katsuhiro Otomo, responsable del cómic manga Akira. Hasta ahora, la mayor parte de los autores reconocidos han sido franceses y, después, belgas.

El próximo Festival Internacional del Cómic se celebrará del 28 al 31 de enero de 2016, al que prevén asistir cerca de 6.000 profesionales de todo el mundo y más de 220.000 visitantes. El Festival reconoce que desde que Hergé asistiera en 1976, Angulema se convirtió oficialmente en la ciudad del cómic. Hoy alberga un museo dedicado a la historieta, los nombres de las calles se encuentran escritos dentro de bocadillos y dibujos enteros de viñetas cubren las paredes de la ciudad. Su festival se ha convertido en un evento internacional y consigue lanzar cada año a nuevos creadores.

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