Caroline Couret

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Caroline Couret
Directora del Creative Tourism Network.
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El turismo creativo, una oportunidad de desarrollo integral

Desde el Creative Tourism Network, Couret detalla las particularidades que debe tener un destino para ser realmente creativo y responder así a un viajero cada vez más experimentado y exigente.

Será porque unos recursos materiales cada vez más limitados nos obligan a buscar vías alternativas, será porque hemos llegado a una fase de madurez del turismo, o tal vez porque estamos asistiendo a un transfer de valores que prioriza el desarrollo de la persona como unidad existencial. Pero lo cierto es que nuestro sector está experimentando un cambio de paradigma que invita a la industria turística a ser más creativa.

¿De dicho paradigma nace el turismo creativo? No exactamente aunque, sin duda, se ha convertido en un recurso importante para satisfacer a un turista cada vez más exigente en cuanto a la autenticidad de la oferta como instrumento de realización personal.

El turista creativo es, según la definición académica elaborada por los profesores Greg Richards y Crispin Raymond en 2000, aquel que desarrolla su potencial creativo a través de su participación activa en cursos y experiencias de aprendizaje características del destino elegido. Toda una apuesta visionaria si nos fijamos en la evolución de este sector.

¿Qué ha sucedido para que, en tan solo una década, consumidores de paquetes vacacionales se hayan convertido no solo en protagonistas de sus propias experiencias sino también en prescriptores para el destino? La respuesta la encontramos en parte en el desarrollo de la tecnología, que ha posibilitado la transformación del consumidor en prosumer, un consumidor activo que quiere dedicar su tiempo libre a actividades que le provean de nuevos conocimientos y experiencias que fomenten su creatividad.

Ante tal disrupción, el sector turístico no tiene otra opción que reconocer el protagonismo interactivo del turista, pasando de un modelo top-down a otro bottom-up, con los retos que eso conlleva. Dichos retos, bien gestionados, crearán nuevas oportunidades.

NUEVOS ACTORES TURÍSTICOS
El primero consiste en la necesidad de escuchar al viajero. ¿Cómo hacerlo? ¡No todo es big data! Hablamos de un turismo con una fuerte sensibilidad emocional, por lo que será necesario compartir momentos con comunidades virtuales afines.

No vamos a negar que esta labor es más parecida a un trabajo artesanal que a la gestión analítica. Esto es lo que justamente debemos interiorizar, cambiando las reglas de juego que han imperado en el sector turístico durante décadas. Este ejercicio nos conduce al segundo gran reto: estar preparados para colaborar con interlocutores que quizás nunca se hayan relacionado con el sector turístico tradicional.

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Estamos hablando de artistas, artesanos, productores de sectores primarios o ciudadanos que simplemente quieran y puedan compartir sus conocimientos con viajeros en busca de experiencias singulares.

Imaginemos un curso de pintura en la Toscana, un taller de escultura sobre hielo en el pueblo quebequés de Saint-Jean-Port-Joli o una clase de cocina en el Japón profundo, entre una infinidad. Estas vivencias tienen como único límite la propia creatividad de los turistas y sus anfitriones dispuestos a cocrear. Estos últimos habrán de convertir sus habilidades en experiencias que sean a la vez atractivas y solventes. Es aquí donde se crea una cadena de valor para el destino y su entorno. La isla de Ibiza o el municipio portugués de Loulé son ejemplos de este modelo. Sus resultados, en términos de emprendimiento, retorno económico y cohesión social son altamente positivos.

DEL FOLCLORE A LO AUTÉNTICO
La autenticidad es otro elemento importante para el turista creativo, el cual no tolerará una folclorización de la cultura local, valorando la oportunidad de conocerla a través de los autóctonos. Por eso es importante tener muy presente que el turismo creativo jamás puede identificarse con el mero entretenimiento.

Muchos mal llamados emprendedores aprovechan el interés creciente por este tipo de propuestas para vender como experiencias creativas lo que resulta ser simple ocio, sin vinculación alguna con el patrimonio local. Una de las misiones del Creative Tourism Network es precisamente fomentar las buenas prácticas del turismo creativo. Para visualizarlas se otorgan anualmente los Creative Tourism Awards.

Para finalizar, por este tipo de turismo se entiende el ser creativos en su gestión, creando narrativas que permitan seducir a los nuevos turistas y, a la vez, reforzar la identidad del destino. Así, el turismo creativo se convierte en una herramienta para posicionar los destinos mediante una oferta diferencial. Si logramos la excelencia en este campo, conseguiremos optimizar nuestros activos ahorrándonos esfuerzos competitivos entre destinos que, a medio plazo, no conducen a ningún progreso cualitativo. Una estrategia enfocada en el trabajo en red permitirá, en cambio, generar sinergias para fidelizar a estos nuevos viajeros.

Así, nos podemos preguntar: ¿será el turismo creativo un modelo a seguir en un futuro para otras formas de turismo? Sí, sin duda, ya que, ¿hay algún recurso más sostenible que la creatividad? Cuanto más la usamos, más la fomentamos.

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