Manuel Bartual

Manuel Bartual

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La hamburguesería secreta

En mi primer viaje a Nueva York descubrí un restaurante secreto. Aunque, para ser completamente fiel a la verdad, no fui yo quien lo descubrió, sino la amiga que me habló de él. Se trata de una hamburguesería en pleno centro de la isla de Manhattan, al sur de Central Park, prácticamente pegada al parque. Sus indicaciones vinieron acompañadas por un comentario muy prometedor: las hamburguesas que allí servían eran las mejores que mi amiga había probado nunca, pero por un momento pensé que no llegaría a comprobarlo ya que allí, en pleno centro de la isla de Manhattan, al sur de Central Park, no había ninguna hamburguesería.

Recorrí de arriba abajo la calle, pero nada; ni rastro. Y, dado que la diferencia horaria no me permitía consultar a mi amiga sin despertarla, estuve a punto de buscar cualquier otro restaurante donde almorzar hasta que vi algo que llamó mi atención: de un hotel salía una pareja comiendo patatas fritas. Resultaba fácil fijarse en ellos ya que el resto de personas que circulaban por allí mismo, en vez de patatas fritas, lo que sujetaban eran maletines y maletas. Así que decidí entrar a preguntar.

Biografía. Historietista valenciano, saltó a la fama tras viralizarse una misteriosa historia que contó a través de Twitter en la que un hombre igual a él le perseguía. Este año acaba de publicar su novela ‘El otro Manuel’.
Central Park. Es el mayor parque del centro urbano neoyorquino: 341 hectáreas, o dos veces el Principado de Mónaco.
Nueva York, EE UU. 40° 40′ 00″ N 73° 56′ 00″ O

Era, para que te hagas una idea, el típico hotel con pinta de cobrarte por una noche de alojamiento lo mismo que te cuesta un vuelo de España a Nueva York: todo lujo. Ya solo el vestíbulo tenía un tamaño que te obligaba a caminar durante casi un minuto hasta llegar al mostrador de recepción, tiempo suficiente para darme cuenta de que no tenía mucho sentido preguntar allí por una hamburguesería. Un restaurante de ese tipo no pegaba ni con cola en ese hotel, pero como si me hubiera leído el pensamiento, antes de que abriera la boca vi cómo el empleado al que me dirigía levantaba su mano y me señalaba una enorme cortina roja que parecía sacada de un capítulo de Twin Peaks.

Me acerqué a ella, no sin cierto miedo, y al descorrerla, un luminoso imitando la forma de una hamburguesa me indicó un camino a recorrer.

Han pasado 10 años de aquello y ya he olvidado si aquellas eran, efectivamente, unas hamburguesas dignas de recomendar. Lo que sí recuerdo es que al volver a España no le conté nada a mi amiga. Me parecía extraño que no me hubiera mencionado el detalle de que la hamburguesería se encontraba allí oculta, así que pensé que tal vez el hotel lo habían construido después de su visita. Quizá trataron de comprar el restaurante pero, al no conseguirlo, no les quedó más remedio que edificar a su alrededor. O quizá había imaginado todo. Es algo que no he llegado a descartar. Quizá creí encontrar lo que andaba buscando, simplemente eso.

Sea como sea, me di cuenta de que cualquier explicación sería mucho más mundana y aburrida que todo lo que pudiera imaginar, así que ni tan siquiera llegué a googlear el nombre de aquel restaurante para conocer su verdadera historia. Tampoco quiero que lo hagas tú pero, si algún día te hospedas en Nueva York, en un hotel con pinta de costarte tanto como el vuelo, no dejes de cruzar la cortina roja. Yo encontré la hamburguesería de la que me había hablado mi amiga, pero quién sabe qué será lo que encuentres tú.