Guillermo Fesser

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Un día de estos

Un día de estos voy a viajar a Nueva Orleáns. Desde Nueva York y en furgoneta. En una Chrysler Town and Country, porque te permite esconder los asientos y desplegar un colchón inflable en la trasera. Con mi chica y por las blue highways, las carreteras comarcales que atraviesan paisajes a los que el turismo no llega. Llevaré un termo Lifesky para conservar fresquita el agua y un par de aplicaciones en el móvil: Waze para sortear atascos y Yelp para cambiar los fast food de las gasolineras por menús de confort food, que es como llaman en este país a la comida casera.

En Pensilvania, pararé en territorio amish. Primero en Churchtown, más auténtico, y luego en Intercourse, que tiene mercado. Lo mejor son los muebles pero, como no quiero cargas, aprovecharé para comprarme una escoba para cuando tenga que hacer limpieza en el vehículo. De palo y brezo. Hecha a mano y como Dios solía mandar, por los inventores de la pinza de la ropa. Esa noche la paso en Gettysburg. Por perderme en sus callejuelas y porque Lincoln fue mucho Lincoln como para pasarse el museo de la guerra civil por alto.

Biografía. Periodista nacido en Madrid en 1960, es uno de los cocreadores del dúo Gomaespuma. Director de cine y guionista, vive actualmente en EE UU.
Bernardo de Gálvez. Político y militar español, expulsó a los británicos de la Florida Occidental.
Nueva Orleáns. Principal ciudad del estado de Luisiana. 29°58′00″N 90°03′00″O.

A la mañana siguiente temprano, para disfrutar de una luz con magia, recorreré el valle de Shenandoah. El paraíso está en Virginia y es un tapete verde moteado con granjas de caballos y empalizadas de color blanco que se recortan sobre un fondo de montañas azules. En Charlottesville visitaré Monticello, la residencia de Jefferson, el presidente que soñó toda su vida, sin conseguirlo, con convertirse en bodeguero. Dos horas bastan para poner en contexto a las mentes privilegiadas que crearon Estados Unidos.

firma-3-02Dormiré en Ashville, Carolina del Norte, después de escuchar a un grupo de bluegrass en uno de sus baretos. Y, en Charleston, la ciudad más bella del Sur, divisaré el mismo mar que contemplaron millones de esclavos al abandonar los galeones. Ese día me doy un homenaje y ceno en Fig. De ahí no tengo claro si tirar para Atlanta, por conocer el mercado internacional de Your Dekab, con alimentos y clientes de todos los rincones del planeta, o bajar a Bluffton. Es un pueblo enano de Georgia pero en White Oak Pastures, una granja impresionante, alquilan cabañas. En su cielo revolotean las águilas al acecho de polluelos que comparten las sombra de los nogales con vacas, ovejas y una piara de cerdos extremeños.

Y, por fin, como hiciera el general malagueño Gálvez en 1781, cruzaré el canal de Pensacola. Sí, un día de estos voy a llegar a Nueva Orleáns. A esa ciudad que huele a España. Que habla inglés, pero celebra el carnaval de Cádiz. Que llama francés a un barrio construido por canarios y en cuyas panaderías se prepara el roscón de Reyes. A una ciudad que muere por el cangrejo de río, como Palencia, y cuyos caballistas, los cowboys, ignoran que cabalgan con un estilo inventado en las marismas del Guadalquivir.

Ya te contaré si llego.

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