Taleb D. Rifai, secretario general de la Organización Mundial del Turismo

“Me preocupa Schengen; estamos volviendo a construir muros”

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Nunca fue el sector del viaje tan importante como ahora. Por eso, para Taleb Rifai, secretario general de la Organización Mundial del Turismo (OMT), la responsabilidad hacia la sociedad, el medio ambiente o la economía son asuntos totalmente inaplazables.

Por: Ana Delgado Cortés. Fotos: Luis Rubio

Taleb Rifai nos recibe en el despacho de la Organización Mundial del Turismo (OMT), el mismo en el que nos encontramos con él hace exactamente seis años, recién estrenado su cargo de secretario general de la organización. Desde aquel día, muchas cosas han cambiado. El turismo continúa incrementando su potencia, pero su foco se ha desplazado en buena medida al sur y al este. La sostenibilidad y la tecnología son, como entonces, dos de los grandes temas en la agenda del turismo mundial. Sin embargo, en la actualidad, la seguridad se coloca en la primera línea de las preocupaciones de viajeros y gobiernos de todo el mundo.

entrevista-50-2Han pasado algo más de seis años desde que aceptó el cargo de secretario general de la Organización Mundial del Turismo. ¿Cuánto ha cambiado el sector desde entonces?
El mundo ha cambiado enormemente, pero una certeza permanece: la capacidad de crecimiento de nuestro sector. El año pasado se contabilizaron cerca de 1.200 millones de viajeros internacionales, y prevemos que para 2020 la cifra ascienda a 1.800 millones. Pero también ha habido muchos cambios. Por ejemplo, demográficos. Hay viajeros cada vez más jóvenes y cada vez más mayores. Un tercio tiene menos de 29 años, pero también hay turistas con 70 y con 80 años, con las necesidades especiales que ello conlleva. El segundo gran cambio ha sido la tecnología, que ha propiciado nuevos modelos de negocio en estos últimos años. Otra novedad es la variación en el centro de gravedad del turismo: los países emisores y receptores de viajeros están mucho más diversificados y han ganado mayor peso el este y el sur, en detrimento de Europa y Norteamérica. Cuando SAVIA me entrevistó hace seis años, China era el tercer país emisor de turistas; ahora no solo es el primero, sino que duplica en volumen al segundo, Alemania. Hay más de 140 millones de viajeros chinos, que gastan más de 200.000 millones de dólares al año en el extranjero. Y el cuarto gran cambio tiene que ver con la sostenibilidad y la responsabilidad. Cuanto más crece esta industria, más responsabilidad habremos de exigirle hacia el medio ambiente, la sociedad y la economía.

¿Han cambiado, por tanto, también los retos que afrontamos como industria?
En la actualidad hay tres retos principales. Uno continúa siendo la tecnología, que afecta a los mercados al hacer posible nuevos modelos de negocio. El segundo es la cuestión de la sostenibilidad; pero el tercero, que ha cobrado una gran importancia en los últimos cinco años, es la seguridad. Lo cierto es que ni el turismo ni el viaje en general pueden desarrollarse si no hay seguridad. Me preocupa cómo están reaccionando determinados gobiernos y destinos a este reto, que se endurezcan las normas de entrada y se pongan trabas a los viajes, cuando la única forma de afrontar esta situación es desde la cooperación, nunca desde el aislamiento. Estamos revirtiendo medidas, construyendo muros, restringiendo accesos. Me preocupa en especial el tratado de Schengen, que es el mejor invento de la humanidad. Nuestra meta es asegurarnos de que se impongan todas las medidas de seguridad posibles, pero sin caer en el pánico, sin construir muros, sin vulnerar las políticas de apertura. Creo que somos capaces de hacerlo.

"Nuestro sector es horizontal, nuestro éxito depende de la colaboración"

¿De qué manera?
Utilizando la tecnología. Cooperando, compartiendo inteligencia, tendiéndonos la mano… No podemos apuntarnos con el dedo los unos a los otros cada vez que sucede algo en Egipto, en Túnez o en Francia. Deberíamos preguntarnos qué es lo que necesita el país vecino, porque este es un reto internacional, y hay que afrontarlo con un enfoque internacional. Si se desata un incendio en la casa de al lado puedes optar por poner tu casa a salvo pero, ¿no sería más sensato ayudar a tu vecino a apagar el fuego?

¿Utilizar la tecnología para incrementar la seguridad puede estar reñido con las garantías de privacidad de los individuos?
No soy quién para debatir los límites legales de la información. Lo que sí sé es que las herramientas tecnológicas y las leyes que tenemos son suficientes para hacer mucho más de lo que hacemos. El problema es que no compartimos experiencias; los servicios de inteligencia de los países no cooperan unos con otros, a veces ni siquiera dentro de la Unión Europea.

AMADEUS, SOCIO COLABORADOR DE LA OMT
De acuerdo con Taleb Rifai, “Amadeus no es solo un socio más; es un socio extremadamente importante. Compartimos información de manera continua y dependemos mucho de sus datos y de sus análisis. Sin estos datos, por ejemplo, no podríamos lanzar determinadas campañas de concienciación”. Otro de los beneficios de la cooperación entre Amadeus y la Organización Mundial del Turismo está en la optimización del uso de la tecnología. “Amadeus nos sirve para construir plataformas tecnológicas sobre la base de su sistema de distribución”, explica Rifai. “Por ejemplo, si un país como Indonesia quiere construir una herramienta para conocer mejor los flujos de viajeros hacia determinada área, Amadeus nos ayuda a conseguirlo. Además, está participando con nosotros en numerosos eventos en los que su aportación en materia de análisis resulta especialmente enriquecedora”.

Las crisis sanitarias suponen otro gran reto añadido en un contexto de creciente movilidad internacional…
Ese es un asunto muy serio. La gente necesita viajar y la única razón por la que puede dejar de hacerlo es por una crisis sanitaria. Así que cuando se da el caso, hemos de tratar el tema con la máxima eficacia y rapidez. Una crisis sanitaria requiere educación, información científica objetiva y precisa y mucha responsabilidad. Si no es así, puede tener un efecto devastador para el destino. Si la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no viajar, nosotros no viajamos. Sin embargo, ni siquiera en los momentos más delicados de la crisis del ébola, la OMS recomendó no viajar. No hacerlo implica matar completamente determinadas regiones; no hay más que ver lo que ha sucedido con África Occidental, que está ahora mismo completamente devastada.

En mayo organizan la primera conferencia de turismo y desarrollo sostenible en China. ¿Cómo puede contribuir este sector a los Objetivos de Desarrollo Sostenible?
La conferencia, iniciativa del Gobierno de China y la OMT, llega después de que el año pasado se diesen dos importantes acontecimientos: la aprobación de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y el acuerdo de París sobre cambio climático. Ambos hitos exigen una respuesta del sector del viaje y el turismo. Es significativo que tres de los 17 objetivos de desarrollo sostenible mencionan de manera explícita la palabra turismo, así que nuestra responsabilidad es directa. La Conferencia de Pekín nos va a permitir ver cómo vamos a contribuir a esos objetivos de desarrollo hasta 2030. La ONU ha declarado, además, 2017 como el Año Internacional del Turismo Sostenible.

¿Ha aumentado la sensibilidad del sector hacia estos temas?
Ha aumentado, pero el crecimiento que está experimentando el sector exige que la responsabilidad crezca en la misma proporción. Nuestro sector es causante del 5% de las emisiones de CO2; de esa cifra, dos tercios corresponden al transporte. No es mucho, pero debería ser menos. Y el sector estará bajo un mayor escrutinio cuanto más crezca su importancia. Por eso hemos de liderar la reducción de las emisiones y adaptarnos a los cambios.

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La normalización de las relaciones internacionales con países como Cuba o Irán va a provocar un desarrollo del turismo de ambos destinos. ¿Cuentan con previsiones al respecto?
Lo que tienen ambos países en común es que van a experimentar un importante crecimiento en el número de turistas. Pero las diferencias son numerosas. Irán es un país con un enorme potencial: su herencia cultural y natural es inmensa, pero ha sido neutralizada durante mucho tiempo, así que su punto de partida es modesto. Cuba, en cambio, lleva atrayendo turistas desde hace mucho tiempo. Tienen la infraestructura y la cualificación necesaria, pero ahora deben adaptarse a una situación en la que la demanda puede doblarse e incluso triplicarse. El desafío, para Cuba, está en la gestión y en la planificación; Irán, en cambio, todo lo que tiene ante sí es absorción y el crecimiento.

La economía colaborativa parece la revolución del momento. ¿Amenaza? ¿Oportunidad? ¿Nuevo modelo de negocio?
Jamás deberíamos ver algo que es inevitable como una amenaza. La economía colaborativa permite añadir elementos a la infraestructura turística existente, ya se trate de transportes o alojamiento; aumenta la oferta y permite atraer nuevos nichos de demanda que tal vez antes no estaban presentes. En segundo lugar, genera nuevos ingresos que van de manera directa a los bolsillos de familias e individuos, con lo que permite distribuir los beneficios del turismo a una base más amplia, y no solo a las grandes empresas. En tercer lugar, atrae a los destinos una nueva forma de hacer turismo que puede hacer que también se desarrollen nuevas actividades y empresas. Pero, por supuesto, también hay que tomar determinadas precauciones porque, si no, habrá confrontación.

¿Cuáles serían esas precauciones?
La economía colaborativa no puede florecer a expensas del sector tradicional; tenemos que garantizar que haya un equilibrio en las reglas del juego. Esto no significa que las viviendas turísticas tengan que pagar las mismas tasas que un hotel, pero tienen que contribuir de algún modo, de manera equitativa. Además, tiene que haber algún tipo de supervisión o control en cuanto a los estándares de calidad, la seguridad, la higiene… Es preciso un mínimo de regulación también en ese sentido.

"Es significativo que tres de los 17 objetivos de desarrollo sostenible de la ONU mencionan de manera explícita la palabra turismo"

Otro de los aspectos en los que más combativa se ha mostrado la OMT es en la lucha con el turismo sexual y la explotación infantil. ¿Es posible un turismo libre de estas lacras? ¿Cuáles son las claves para lograrlo?
Todas las actividades humanas, por beneficiosas que sean, conllevan también inconvenientes. Lo mismo le ocurre al turismo; su impacto negativo se hace más evidente a medida que cobra importancia la actividad. Como industria, lo que tenemos que hacer es asegurarnos de que la gente toma conciencia y ser valientes a la hora de denunciar los delitos que se cometen en nombre del turismo. En segundo lugar, tenemos que establecer unos estándares éticos. Para eso hemos trabajado en nuestro Código Internacional de Ética en el Turismo, al que se han adscrito ya más de 400 empresas, comprometidas con conductas y comportamientos éticos. Y, además, tenemos que lograr la implementación de las normas y leyes que atacan las malas prácticas.

entrevista-50-4¿Considera que, a día de hoy, el sector del turismo y el viaje está lo suficientemente unido de cara al futuro?
Considero que estamos más unidos que nunca. El problema está en la verdadera naturaleza de nuestro sector, que tiene un impacto muy directo en empresas y profesionales que están fuera de él. Esto no pasa de forma tan evidente en otras actividades económicas. El nuestro es un sector mucho más horizontal e interconectado, y nuestro éxito depende de la cooperación con numerosos agentes.

En los últimos 15 años hemos estado hablando mucho de calidad, de nuevas tecnologías, de desintermediación, de turismo experiencial… ¿Cuáles considera que serán los grandes temas del turismo en el medio plazo?
Seguridad, tecnología y sostenibilidad serán las grandes áreas de interés. Pero, envolviéndolas a las tres, está la toma de conciencia sobre la importancia creciente de este sector. Todavía no hemos llegado al punto en el que los gobiernos, las sociedades y la opinión pública en general sean realmente conscientes de la importancia del turismo. Estamos viviendo una verdadera revolución de los viajes. Mira cualquier mapa y pon el dedo donde quieras: ya no hay lugar al que no podamos llegar. El mundo está completamente abierto, pero creo que todavía no somos completamente conscientes de ello.

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