Escaparse a las páginas de Dublín

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Un hombre remeda a James Joyce en uno de los lugares del Bloomsday.

Musica, naturaleza y literatura. Dublín se convierte en el escaparate del patrimonio histórico, cultural y natural que tiene la Isla Esmeralda. Eventos y festivales articulan una oferta cultural que atrae a más de 200.000 visitantes al año a una ciudad que hace alarde de verde y costas acantiladas.

Por Ana Rosa Mazo

Al poner el pie en el puente O’Connell, una bola de humo subió como un penacho desde el parapeto. Una gabarra de la cervecería con cerveza de exportación. Inglaterra. El aire del mar la echa a perder, he oído decir. Sería interesante algún día conseguir un pase a través de Hancock para ver la fábrica. Un mundo completo por sí mismo. Toneles de cerveza, estupendo. También se meten los ratones. Beben hasta hincharse, flotando, grandes como un perro de pastor. Muertos de borrachera de cerveza. Beben hasta vomitar como cristianos. ¡Imagínate beber eso! Ratones: toneles. Bueno, claro que si lo supiéramos todo. Mirando abajo, vio gaviotas aleteando con fuerza, girando entre las sombrías paredes del muelle. Mal tiempo afuera. ¿Y si me tirara abajo?”.

La frase inicial de este pasaje aparece grabado en una placa que el visitante se encuentra al poner precisamente un pie en el puente O’Connell al querer cruzar a la parte sur desde el norte de Dublín. La cita pertenece al Ulises de James Joyce y la placa es una de las que homenajean el paseo que realiza Leopold Bloom cuando va a por comida en uno de los episodios de la obra más famosa del autor, que quiso dejar una descripción de la ciudad en sus escritos para que, si alguna vez desaparecía, pudiera ser recordada tal como fue.

El país quiere alcanzar los 300.000 visitantes internacionales a festivales en 2022

Pero, más allá de los detalles propios de la época que Joyce refiere en ese vistazo sobre el puente de O’Connell, si alguien se detiene hoy a mirar a su alrededor desde el mismo punto se encontrará con las gaviotas aleteando con la misma fuerza y la cerveza recorrerá esta vez la calzada en camiones cisterna en lugar de en gabarras desde la Guinness Storehouse. Mal tiempo afuera también.

De la mano de la recuperación económica, y convertida en una de las capitales con más presencia de tecnológicas, Dublín se ha situado entre las capitales europeas favoritas para escapadas urbanas, ahondando en sus tradiciones y en su patrimonio histórico, cultural y natural, además de haciendo de su esencia la imagen a proyectar de sí misma al exterior.

Puente de Samuel Beckett, de Santiago Calatrava, situado al sur del río Liffey.

LITERATURA EN VENA
En ese mirar a lo propio, si se puede afirmar algo es que Dublín es literatura, que llena cada rincón como la sangre llena las venas. Y la oferta cultural no se entiende sin dejarse arrastrar por el caudal de estímulos literarios que ofrece un simple paseo. Siguiendo los pasos de Leopold Bloom, mientras se sumerge en sus pensamientos sugestionado por su estómago, se puede llegar a Sweny’s Chemist, “originalmente una farmacia tal y como aparece descrita en la obra de Joyce en la que hoy se venden ediciones de segunda mano y se organizan lecturas púbicas”, explica Maite López de At It Again, proyecto que esta escritora germano-española posee junto al ilustrador irlandés Nall Laverty. Lo que comenzó como un hobby al realizar una guía de la ciudad en base a la obra de Joyce, hoy es un negocio que ofrece guías didácticas para locales y turistas. “Ulises es un libro cuya lectura es complicada; quisimos hacerlo más accesible y divertido con esta guía interactiva, con mapas, consejos sobre qué hacer, ilustraciones y rutas”, explica. Junto al Ulises, Drácula, Los viajes de Gulliver, Los dublineses o El retrato de Dorian Gray, son las otras guías que ponen a disposición de quien le interese.

El pasado literario de Dublín va más allá de Joyce y se mezcla con lo histórico, pues cuenta con dos de las bibliotecas que albergan ejemplares más antiguos: la Old Library, en el interior del Trinity College, y la Marsh, la que fuera primera biblioteca pública en Dublín y uno de los pocos edificios de la época que aún conserva su uso originario. Dentro de esta se reunían grandes de las letras como Bram Stoker, el propio Joyce y Jonathan Swift, autor de Los viajes de Gulliver.

El futuro, además de otras, viene marcado por una fecha, verano de 2019. Es cuando está prevista la apertura del Museo de la Literatura (Museum of Literature, el MoLi). Desde Fáilte Ireland, la oficina de promoción turística de la isla verde, se remarca la singularidad del proyecto: “No hay oferta como el MoLi actualmente en Dublín. Será un gran atractivo, no solo para los fanáticos de Joyce, sino también para los visitantes de Dublín con curiosidad cultural”.

La denominada Sala Larga de la biblioteca del Trinity College, la más importante de Irlanda, alberga joyas como el Libro de Kells, del año 800.

Diversas exposiciones examinarán la larga tradición poética de Irlanda, la historia de su escritura una vez se convirtió en país independiente, sus más importantes exponentes contemporáneos y la ficción para jóvenes. “En el núcleo de la misión del MoLi se encuentra el deseo de volver a conectar a visitantes internacionales y nacionales con amor por la lectura y la escritura, y creemos que hará una contribución importante al panorama literario local e internacional”, afirman.

Ese pasado literario se traslada a las calles durante el año con eventos que bombean el flujo literario. Así tiene lugar el Bloomsday Festival (en torno a la figura de Joyce), el Swift Festival o el Bram Stoker Festival, en el que la sangre sale a borbotones, aunque de forma figurada, de los cuerpos de quienes, disfrazados, participan en este evento, que da paso a la celebración de Halloween.

“Para el visitante, el patrimonio literario de la ciudad de Dublín es de fácil acceso también debido a que Irlanda no estuvo tan envuelta en la II Guerra Mundial, por lo que la mayoría de los lugares se conservan y pueden ser visitados”, puntualiza López. Como la casa familiar de Oscar Wilde, actual American College, ubicada justo enfrente de la estatua que del escritor se erige en Merrion Square. En ella, Lady Jane Wilde, madre del afamado escritor, organizaba reuniones para la clase política y cultural de la época. “Fue poetisa y, junto a su marido, recopiló leyendas y cuentos irlandeses. Fue bastante conocida por eso”, explican desde At It Again.

Es quizás la asignatura pendiente de la tradición literaria: el reconocimiento a sus escritoras. Desde su proyecto, López y Laverty intentan recuperar los nombres de algunas autoras irlandesas. Por ejemplo, de la misma Lady Wilde, y de Lady Gregory, María Edgeworth, Dorothy Macardle o Elizabeth Bowen: “Pero de ninguna existen ni estatuas ni placas o cualquier cosa como tienen los hombres”, remarcan. La necesidad de completar la historia de la literatura irlandesa con las vidas y obras de sus autoras dará un paso adelante con el Dublin One Year One Book 2019, otro evento literario que invita a conectar con la lectura a quien se encuentre en la ciudad durante el mes de abril, que ya el año pasado escogió una antología de relatos de las escritoras irlandesas (The Long Gaze Back) y cuya elección para este año ha sido The Country Girls Trilogy, de Edna O’Brien.

FESTIVALES TODO EL AÑO
Desde la perspectiva de Fáilte Ireland, los festivales y eventos son cruciales para atraer a los visitantes extranjeros. “Nuestro objetivo es aumentar a 300.000 el número de visitantes internacionales que vienen a Irlanda para asistir a un festival de cara a 2022”, explica el responsable de este evento, Ciara Sugrue. Ahora rondan los 200.000, que dejan alrededor de cien millones de euros cada año. Aunque la estrategia va dirigida a cubrir todo el país, proporcionando impacto en áreas geográficas fuera de las ciudades principales y durante la temporada baja, Dublín concentra un buen número de festivales durante todo el año, con alrededor de 20 que cuentan con algún tipo de apoyo de la Fáilte Ireland.

El de mayor impacto, sin duda, es el que se celebra en honor de San Patricio (St Patrick). Las celebraciones del 17 de marzo atraen a Dublín a más 100.000 visitantes. Pero el rango de temáticas es amplio: folclore (Tradefes), arte multidisciplinar (Dublin Fringe Festival) o teatro (Dublin Theatre Festival), todos con apoyo directo de la Fáilte Ireland. También se apuesta por el cine (Dublin International Film Festival) y, específicamente, el de animación (Dublin Animation Film Festival), la danza (Dublin Dance Festival), los libros (Dalkey Book Festival) y más música (Hotter than July o Affidea Rock n Roll Half Marathon, entre otros).

Fuere la razón que fuere la que lleve al visitante a patear el pavé dublinés, no podrá evitar que los pies sigan cualquiera de las músicas, tradicionales o no y la mayoría en directo, que salen de sus pubs. Tampoco podrá dejar de percibir la esencia de la naturaleza que atraviesa la ciudad; el caudal del río Liffey, las numerosas zonas verdes (con los parques de Stephen’s Green, St. Patrick’s o Merrion Square) y, por supuesto, el Phoenix Park, la Casa de Campo dublinesa, en la que los ciervos salvajes campan a sus anchas todo lo que les deja la verja que rodea su perímetro.

Dublín se deja ver y el patrimonio natural que rodea las cercanías de la ciudad permite recalar en Howth, que conserva la buena costumbre del pescado fresco propio del que fuera pueblo de pescadores y, a golpe de ferry turístico, el Ojo de Irlanda. Y si se va más al sur, la playa de Brey y los jardines, Glendalough (Valle de los Lagos) o la cascada de Powerscourt.

Un triángulo turísticamente virtuoso

Literatura, música y naturaleza son tres buenas razones para escaparse a la isla del norte. Además, si se tiene en cuenta que este trío de motivos son, en realidad, el gran motor del turismo en Irlanda, las opciones son múltiples y muy buenas. Esta selección puede servir para cubrir expectativas o, quizá, solo para abrir boca..

GRACE & FINNUALA – FARMERS BROWNS
Caminar hacia el sur, con el sol de cara, a punto de que sea medio día para llegar a tiempo de encontrar una mesa en la parte al aire libre del Farmer Brown de Rathmines. Abierto a finales de 2011 por las hermanas Grace y Finnuala, Farmer Browns está inspirado en los agricultores y cerveceros locales irlandeses.

VALERIE VETTER – NEW IRISH ICONS
Souvenirs que parodian de manera irreverente la secularidad propia de una cultura con una fuerte tradición católica. Bono, el líder de U2, en el cuerpo del Sagrado Corazón de Jesús, o la drag queen Panti, activista por los derechos LGTBI, en el de la virgen de la Inmaculada Concepción, son algunas de las creaciones de esta diseñadora.

MAITE LÓPEZ & NIALL LAVERTY – AT IT AGAIN
Seguir los pasos de Leopold Bloom es más fácil si se hace con la guía de At It Again. Y los de Dorian Gray, los de Drácula, los de los dublineses o los de Gulliver y sus viajes. At It Again recupera también las figuras de escritoras irlandesas con el objetivo de completar la historia de la literatura de la isla.

EL ‘TOUR’ DE LO ESPIRITUOSO

El amor que los irlandeses tienen por la cerveza y otros licores es bien conocida. Quien guste de alegrarse en general y entrar en calor puede realizar dos visitas que le llevarán de la mano de dos de los productos más característicos del país: la cerveza Guinness y el whisky.

GUINNESS EVERYWHERE
No hay lugar en este sitio que no sirva una pinta de Guinness. Adentrarse en ese mundo completo por sí mismo, el de la cerveza más famosa del mundo, no requiere pase de estraperlo (como anhelaba Leopold Bloom), sino de entrada. Un total de 18 millones de visitantes han recorrido sus siete plantas desde que abriera sus puertas en 2000.

EXPERIENCIAS CON WHISKY
Si se prefiere el whisky, la de Jameson muestra la que fuera la primera destilería en la Bow Street. Y justo enfrente del Trinity College, el Museo del Whisky. Ambos lugares ofrecen experiencias en base al relato de la historia de esta bebida en Irlanda, catas, brunches y clases de coctelería.