Las cuevas más bellas del mundo

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La Catedral del Mármol, en Chile, es una sucesión de vetas de distintos colores, onduladas formas y aguas límpidas cuyo contraste produce un increíble efecto espejo.
Escondite de tesoros, portal del infierno o entrada al Paraíso: la imaginación humana sobre lo que ocultan las profundidades de la Tierra no tiene límites. Para saciar la curiosidad de todos, cuevas y grutas abren sus puertas convirtiéndose en puntos ineludibles de las rutas turísticas.

Por Paloma Balbín Chamorro

La Guía de las cuevas turísticas de España, publicada por el Instituto Geológico y Minero en 2006, lo deja muy claro: “El ser humano ha mantenido a lo largo de su historia vínculos muy estrechos con el medio subterráneo. Las cuevas han sido refugio, morada, lugar mágico y de encuentro para diferentes culturas y civilizaciones. Son parte del legado de la naturaleza, contienen valores geológicos y biológicos de enorme interés y muchas albergan vestigios arqueológicos y artísticos de gran valor cultural”. Motivos suficientes para que, siempre anteponiendo su conservación, sean un recurso turístico de primer orden. Estas son solo algunas… pero entre las más bellas e interesantes.

LA CATEDRAL DEL MÁRMOL DE CHILE
La mañana es el mejor momento para visitar la Catedral, la Capilla y la Caverna del Mármol, situadas en uno de los rincones más asombrosos de la Patagonia chilena. Es a esas horas cuando el contraste entre la luz del sol y las aguas turquesa del lago General Carrera convierten las formaciones marmóreas de su orilla “en un caleidoscopio de colores”, en palabras de Omar Zárate Cárcamo, de la agencia Patagonia Extreme.

Declaradas por Chile Monumento Nacional Santuario de la Naturaleza, la excursión para conocerlas suele realizarse desde la localidad de Puerto Río Tranquilo en pequeñas embarcaciones que, cuando maniobran entre los pilares y escarpes de mármol, apagan sus motores para ceder todo el protagonismo al sonido del agua. “Parejas, padres e hijos, amigos y tercera edad constituyen el público habitual”, indica Zárate. Es un paseo sencillo que todos pueden hacer, aunque es recomendable ir bien abrigado.

LA TIERRA MEDIA ESLOVENA
Debido a su excepcional importancia para el estudio de los fenómenos kársticos, las cuevas de Škocjan se inscribieron en la Lista de Patrimonio de la Humanidad en 1986. En ellas se halla uno de los mayores cañones subterráneos del mundo, horadado por el río Reka que, a su paso por esta zona, desaparece bajo tierra. En el puente Cerkvenik –suspendido a casi 50 metros sobre el curso de agua–, las exclamaciones de asombro son generalizadas y las comparaciones con las Minas de Moria imaginadas por Tolkien en El señor de los anillos, inevitables.

En valporquero, algunas cuevas tienen 5.000 m2

Además, en la misma región del Kras –topónimo que, en alemán, derivó en Karst, del que proviene a su vez el término geológico que describe este paisaje–, a unos 30 kilómetros de Škocjan, se localizan tanto el castillo de Predjama, construido en el interior de una caverna, como la cueva de Postojna, famosa por dar cobijo al proteus anguinus, un curioso animal considerado antaño cría de dragón.

UN PALACIO DE HIELO EN AUSTRIA
En el interior de las montañas de Tennen, en Austria, se esconde Eisriesenwelt, un sistema de cuevas de más de 40 kilómetros de longitud que contiene un fenómeno natural único: cuando llega la primavera, la nieve de la superficie se derrite y el agua se cuela entre las grietas hacia el interior, donde se congela de nuevo creando enormes figuras de hielo. La caverna no posee iluminación artificial, así que los visitantes son equipados con lámparas, cuyo reflejo contra témpanos y carámbanos acrecienta la sensación de que se adentran en los dominios de la Reina de las Nieves.

LEÓN, AL FINAL DEL CAMINO
No hace falta atravesar fronteras para disfrutar de paisajes subterráneos casi sobrenaturales. En el epicentro de la montaña leonesa, en un entorno de bosques de robles, hayas y avellanos, se encuentra Valporquero, sorprendente sobre todo por sus dimensiones. “Cuando pensamos en una cueva, nos viene a la cabeza la imagen de un espacio oscuro y angosto; no obstante, al entrar aquí, esa idea se desvanece: una de las salas tiene más de 5.000 m2 y hay pasillos con alturas superiores a los 25 metros”, explica Manuel-Plácido García Fidalgo, gestor del lugar. Valporquero es una gruta relativamente joven, aún en crecimiento, originada por el discurrir de un arroyo. En condiciones normales, en las primeras salas es posible observar cómo el curso de agua se despeña en cascada hacia simas más profundas pero, cuando hay sequía, solo es visible en cotas inferiores.

“La carretera se acaba al llegar aquí por lo que, quienes vienen, lo hacen para conocer la cueva o hacer senderismo en el entorno; no está de paso hacia ningún otro sitio”, añade García Fidalgo. A pesar de ello, entre 65.000 y 68.000 personas se adentran en la gruta cada año, prueba de que la visita merece la pena.

PARAÍSO Y OSCURIDAD VIETNAMITAS
Conformado por paisajes de bosques tropicales y mesetas kársticas, el Parque Nacional de Phong Nha-Ke Bang –Patrimonio de la Unesco desde 2003– es famoso por sus innumerables ríos subterráneos y grutas. Thien Duong, la Cueva del Paraíso, fue así apodada por los exploradores británicos que la recorrieron, maravillados ante su belleza. Son Doong, considerada la gruta más grande del mundo, o Phong Nha, que da nombre a todo el territorio, son asimismo parada obligatoria. Y, si bien no es la más bonita, impresiona sobre todo la Cueva Oscura (Hang Toi en vietnamita): “Al entrar da la sensación de que permanece virgen: solo está iluminada por la luz que los visitantes portan en sus cascos. Además en algunas partes es necesario ir nadando o caminando sobre el barro; es divertido”, ilustra Cristina Valverde, quien tuvo la oportunidad de viajar a Vietnam el pasado verano.

DONDE HABITAN LAS NINFAS EN CAPRI
También es necesario el barco para desplazarse hasta la Grotta Azzurra, considerada en época romana santuario de las ninfas. A pesar de que la cueva fue olvidada durante muchos siglos –las leyendas populares la describían como antro de espíritus y los pescadores temían adentrarse en ella–, desde el siglo XIX es un punto turístico habitual entre quienes visitan la isla italiana de Capri. La luz que se filtra a través de la abertura de la roca parece emerger desde las profundidades del mar y confiere al agua el color azul intenso del que toma el nombre.