Relojes, símbolos de las ciudades

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El espectacular reloj astronómico de Praga.

Aunque hoy el conocimiento de la hora está al alcance de cualquiera con un móvil en el bolsillo, los relojes urbanos aún ocupan un lugar destacado como símbolo de la historia.

Por Paloma Balbín Chamorro

Tic, tac, tic, tac… Un inquietante insecto se come los segundos en el reloj de la biblioteca del Corpus Christi College de Cambridge (Inglaterra): con la frase El mundo pasa y, con él, sus deseos, nos recuerda la brevedad de nuestros días. La reflexión sobre el transcurrir del tiempo es inherente al ser humano y, quizás por ello, los instrumentos con los que se administra ejercen una extraña atracción sobre nosotros. Testigos mudos del acontecer histórico, muchos relojes se han convertido en símbolo de la memoria de sus gentes y son visita obligada para quienes desean conocer a fondo el lugar donde se encuentran.

PEQUEÑOS PLANETARIOS
El Museo Arqueológico Nacional de Atenas conserva una calculadora que, ya en el siglo II a. C., indicaba no solo el día y el año, sino también la posición del Sol, la Luna y varios planetas o cuándo se producirían eclipses. Si bien el conocido como Mecanismo de Anticitera es el más antiguo de los relojes astronómicos conservados, la edad dorada de estos sorprendentes engranajes tuvo lugar entre los siglos XIV y XVI, cuando se fechan, entre otros, el de Berna, el de la plaza de San Marcos en Venecia o los de las ciudades checas de Praga y Olomouc.

El reloj de San Marcos (Venecia).

El reloj astronómico de Praga –capaz de replicar el movimiento del sistema solar y las constelaciones– acumula 600 años de historia y es acaso el más famoso del mundo (en la imagen principal). Cuando da las horas, cientos de turistas se congregan a sus pies para admirar el movimiento de las figuras de los apóstoles, de la Vanidad, la Avaricia, la Muerte y la Lujuria, en una danza finalizada por el canto de un gallo y el sonido de las campanas.

Según la leyenda, los habitantes de la urbe quedaron tan maravillados con él que, temerosos de que su constructor pudiera duplicar la máquina en otra villa, lo cegaron con un hierro candente. Su historia real es menos dramática pero, en cualquier caso, perdura como una obra maestra que deja boquiabierto a quien la contempla. “De todos los relojes que he visto en Europa, este es mi preferido. Además, al no estar a mucha altura, se aprecian bien los detalles”, opina Begoña Besteiro, autora del blog Turismo de ayer y de hoy: “Quien vaya a Praga, no debería perderse uno de los dos situados en la fachada del antiguo ayuntamiento judío, cuyas agujas giran en sentido contrario”, aconseja.

SÍMBOLOS CULTURALES
Cuando José Rodríguez Losada donó a Madrid el reloj de la Puerta del Sol para sustituir al imperfecto mecanismo anterior, poco se podía imaginar que el regalo se convertiría en símbolo de la ciudad por motivos bien distintos a su exactitud. “No conozco ningún otro reloj público con la precisión de este; no obstante, su relevancia se debe sobre todo al valor que la sociedad ha dado a las campanadas de Fin de Año”, apunta Pedro Ortiz, de la relojería Losada, encargada de su mantenimiento. Para darle la razón, no hay más que recordar el revuelo mediático que se organiza cuando un presentador se confunde con los cuartos y las horas y deja a media España sin comer las uvas.

El reloj checo de Olomouc.

El Big Ben, de la misma época que el reloj de la Puerta del Sol, compone también una estampa emblemática de Londres; solo los residentes en el Reino Unido pueden entrar en la torre donde se encuentra su maquinaria y, desde hace un par de años, por obras de restauración, ni siquiera ellos. Sin embargo, tal vez ninguno de los 19,8 millones de visitantes internacionales que tuvo la capital británica en 2017 dejará de acercarse al puente de Westminster para admirar su silueta sobre el río. Es tan popular que tiene réplicas por todo el mundo: en la propia Londres –el Little Ben, a escasos dos kilómetros de su hermano mayor– , en Calcuta o en las islas Seychelles.

El carillón del Ayuntamiento de Múnich está asimismo ligado al emplazamiento donde se ubica, no por su antigüedad –se añadió a la torre en 1907–, sino porque es una ventana abierta a la historia del lugar. A determinadas horas, 43 campanas y 32 figuras mecánicas se ponen en marcha para representar el baile de ocho toneleros que celebran el fin de una epidemia de peste en 1517 y la boda del duque Guillermo V y Renata de Lorena en 1568. De nuevo un gallo, con su canto y batir de alas, pone fin al espectáculo.

PRECISIÓN SOLAR
Pocos turistas saben que, con varios milenios a sus espaldas, el obelisco egipcio de la plaza de San Pedro, en el Vaticano, funciona hoy como meridiana solar. Fue el papa Sixto V quien ordenó colocarlo donde ahora se encuentra y unos siglos después, en el XIX, cuando se dispusieron a su alrededor la línea de granito y las losas circulares que, al recibir la sombra del monolito, indican las 12 del mediodía y otros datos astronómicos.

El reloj de Berna (Suiza).

Hasta hace pocos años tampoco los habitantes de la ciudad alicantina de Villena conocían la función de la varilla de hierro clavada en la fachada de la iglesia de Santa María; paradojas de la Historia, el paso del tiempo había borrado el cuadrante solar que permitía identificarla como un reloj. “Un experto alertó sobre ello y en 2017 se puso en marcha su recuperación”, explica Samuel Martínez, coordinador de los guías de turismo de la localidad.

En la iglesia de Santiago existen otros dos cuadrantes: “Son dos porque como el primero, del siglo XVI, tiene errores y no funciona, al poco tiempo se hizo otro; además, este segundo forma pareja con un tercero situado en el Palacio Municipal, justo enfrente”, aclara.

Villena (Alicante) ha recuperado un reloj del siglo XVI

La restauración del peculiar conjunto horario de Villena, unido a que en el siglo XVIII hubo allí una escuela relojera, fue aprovechada por la Concejalía de Turismo de la población para poner en marcha una Ruta de los relojes de sol. En momentos puntuales, se organizan visitas guiadas, pero lo habitual es hacerlas por libre: “Con la plantilla de los folletos informativos, es posible trasladar la sombra proyectada por las varillas a la hora oficial; la gente se sorprende por su precisión. Buscábamos un producto que nos diferenciara de destinos similares, y lo cierto es que, además de dar a conocer el patrimonio histórico, nadie se marcha sin aprender algo de horología”, ilustra Martínez.

LOS MÁS PECULIARES

1. La torre inclinada de Tiflis. En el casco antiguo de la capital georgiana hay una extraña torre que parece a punto de derrumbarse. Fue erigida en 2011 para acompañar al teatro de marionetas de Rezo Gabriadze. Cuando el reloj de la parte superior da las horas, un ángel toca la campana y se abren las puertas del pequeño escenario donde se representa el ciclo de la vida: una pareja que se conoce, se casa, tiene un hijo, envejece y, como no podía ser de otra manera, acaba sus días en el cementerio.

2. Las flores horarias de Ginebra. Conocer la hora exacta en Suiza, el país de los relojes, es bien fácil, sobre todo para quien pasee por el Jardín Inglés de Ginebra: un enorme reloj botánico de cinco metros de diámetro mantiene su puntualidad vía satélite. La esfera, plantada en 1955, está compuesta por cerca de 12.000 flores, cuyo diseño se renueva cada estación.

3. La Rueda del Tiempo de Budapest. Construido en 2004 para conmemorar la entrada de Hungría en la Unión Europea, el reloj de arena de Budapest es uno de los más grandes del mundo. Está hecho de granito, acero y vidrio, y la arena –en realidad, granos de cristal– tarda un año en caer. La víspera de Año Nuevo se gira 180 grados para que inicie un nuevo ciclo.

4. El agua sonora de Sevilla. La Fuente de la Fama de los Reales Alcázares de Sevilla no tiene como objetivo principal medir el tiempo, pero cada hora en punto, y a través de una compleja maquinaria hidráulica, el agua hace sonar un órgano situado en su interior. Datada en el siglo XVII, es la única fuente órgano conservada en España y una de las tres que quedan en Europa.