Cuestión de talento

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Fernando Cuesta, director general de Amadeus España.

Fernando Cuesta, director general de Amadeus España.

Las palabras son importantes, casi siempre más importantes de lo que suponemos. No es lo mismo hablar de valor que de precio, y no es lo mismo hablar de coste que de inversión. Del mismo modo, tampoco es neutral la forma en que nos referimos a nuestros equipos. Hace muchos años, el equipo humano era la “fuerza de trabajo”, la “mano de obra”. Es evidente que en aquellos tiempos lo importante era el músculo y la potencia: las piernas, los brazos y las manos de los individuos que, literalmente, arrimaban el hombro a la hora de empujar o poner en marcha un proyecto. No fue hasta los años 80 y 90 cuando, fruto del reconocimiento de la aportación de las personas a los resultados empresariales, se fue generalizando la expresión “recursos humanos”.

Los departamentos de “administración de personal” fueron poco a poco cayendo en desuso. Por fin se hablaba de “capital humano” o, lo que es lo mismo, de riqueza. Una riqueza que se alojaba en las personas y en los equipos, en la responsabilidad y en el liderazgo. En definitiva, en las personas.

Las personas, su talento y su carisma, son el verdadero sustento de las organizaciones, incluso en un contexto en el que, como sucede en nuestros días, la tecnología ha cobrado una importancia crucial. Y este sustento se expresa de múltiples maneras. En Amadeus España, por ejemplo, entre nuestros compañeros se cuentan profesionales procedentes de Venezuela, Colombia, Argentina, Ecuador, Hong Kong u Holanda. Y en nuestras oficinas centrales, ubicadas en Madrid, encontramos ni más ni menos que 43 nacionalidades distintas.

Pero la diversidad no solo se expresa en nacionalidades o culturas. También es cuestión de cualidades y talentos. Cada persona es un mundo, un conjunto único de méritos y peculiaridades. Basta con pasearse por la oficina para comprobarlo: el empleado que tiene un libro de jugadas de ajedrez sobre la mesa, el que lleva el su mochila el equipo de deporte con el que se entrena para la próxima maratón o el que acarrea un instrumento musical al que se dedica en su tiempo libre. Todas esas características, a menudo imperceptibles, pueden ser, a su manera, la piedra angular de nuestra empresa.

[quote_left]Con el talento de las personas, rumbo al infinito[/quote_left]

Un ajedrecista amateur puede brillar por su pensamiento táctico. El corredor de maratón demostrará una extraordinaria capacidad de entrega y perseverancia. No sería extraño que el músico de orquesta destacase por su inusual propensión al trabajo en equipo. De la misma forma, tareas y trabajos que asumimos de jóvenes —aunque sea en aquel primer trabajo de adolescente— puede que hayan dejado una huella profunda en los profesionales que somos hoy en día.

Pero el talento no son solo los cimientos del pasado. Es también el pasaporte para el futuro. La gestión de los recursos humanos pasa, necesariamente, por la gestión del talento, algo absolutamente prioritario en un entorno competitivo y globalizado donde las organizaciones se diferencian, precisamente, por las competencias y la capacidad de liderazgo de sus equipos.

En nuestros días, las empresas con éxito son aquellas que se preocupan por entender, a partes iguales, tanto su entorno como su talento, y procuran implicar a las personas de forma continua y, sobre todo, transversal (no es casual que la publicación especializada The McKinsey Quarterly coloque los departamentos estancos como el segundo obstáculo más grande para la gestión del talento, solo superado por el hecho de que los directivos no le dediquen suficiente tiempo).

No olvidemos tampoco que estamos en pleno entorno VUCA: volátil, incierto (uncertain, en inglés), complejo y ambiguo, y necesitamos invertir en jóvenes profesionales que sean capaces de desenvolverse en él con garantías de éxito. Después de todo, como decía el profesor Stephen Covey, a quien muchos de ustedes recordarán por su best seller Los siete hábitos de las personas altamente efectivas, “la tecnología reinventará los negocios, pero las relaciones humanas” –y el talento, me permito añadir- “seguirán siendo la clave del éxito”.