El superagente de viajes

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Fernando Cuesta, director general de Amadeus España.

Fernando Cuesta, director general de Amadeus España.

Los medios nos sorprenden a veces con muy buenas noticias, verdaderos milagros que son, además, cada vez más frecuentes. Recordarán, seguro, la historia de esa mujer que ha recuperado parte de la vista después de 30 años de ceguera. El milagro, en su caso, consiste en el implante en el globo ocular de un dispositivo con 60 electrodos que recibe las señales visuales y las transmite hasta el cerebro. No es el único caso ni el más impactante. El neurocientífico argentino Mariano Sigman declaraba recientemente que en el futuro desaparecerán la mayor parte de las cegueras y sorderas.

 

En la misma línea, científicos japoneses consideran que la piel será el nuevo wearable, y trabajan en una epidermis sintética de tres milímetros de grosor que, colocada en cualquier parte de nuestro cuerpo, no solo medirá el pulso o la concentración de oxígeno en la sangre; también nos ayudará a ubicarnos en un lugar desconocido o realizar trabajos complejos gracias a la información que nos transmita.

Todas estas novedades nos demuestran dos grandes certezas. En primer lugar, que las grandes revoluciones futuras vendrán de la mano de la aplicación de la tecnología al mundo de la salud. Y, en segundo lugar, que la tecnología va a convertirse —se ha convertido ya— en un verdadero amplificador de los sentidos y capacidades del ser humano.

En el futuro el viajero transmitirá el deseo de su viaje

En un futuro no tan lejano nuestros smartphones, o nuestras “pieles wearables” nos permitirán palpar la prenda de ropa que compremos a través de Internet. Y nos ayudaremos de nuestros dispositivos móviles para oler, por ejemplo, el vino, y convertirnos de este modo en expertos catadores. Con nuevas capacidades auditivas, olfativas, táctiles y visuales, estos y otros avances harán de nosotros auténticos superhombres y supermujeres. Pero eso no es todo. La tecnología tenderá a hacerse cada vez más humana, adecuando su proceso a la forma en que la mente piensa y decide.

Imaginen las enormes posibilidades que esto abre al mundo de los viajes, en particular a la manera en que nosotros, miembros de este sector, podremos ayudar a empresas y viajeros a la hora de recoger datos, seleccionarlos, analizarlos, interpretarlos y automatizarlos. De hecho, gran parte de los avances que ha experimentado la tecnología ya avanzan en esa línea. Los motores de búsqueda de vuelos, por ejemplo, se han ido desarrollando para que “piensen” como piensa el viajero y conecten con la emoción y la inspiración presentes en todo viaje. Amadeus ya ofrece buscadores que comparan los precios medios para viajar en fechas diferentes a distintos lugares, porque el viajero suele soñar con varios destinos al mismo tiempo, y puede ser el precio o la oferta lo que le haga optar por uno u otro para sus próximas vacaciones. Hemos desarrollado también buscadores de experiencia en el que tecleando una palabra clave (ya sea “familia”, “romántico”, “relax”, “aventura”) se nos ofrecen viajes que coinciden con el viaje deseado.

Pero este es solo el principio. En el futuro, el viajero, conectado con su agente de viajes a través del dispositivo de su elección, transmitirá el deseo de su viaje. Y esa imagen soñada será interpretada por su asesor de viajes, que valiéndose de su experiencia, del conocimiento de su cliente y del contexto logrará, gracias a la tecnología, poner a su disposición el mejor servicio. Wearables y big data permitirán a los superagentes del futuro conocer no ya solo la ubicación de sus clientes en el aeropuerto, sino hacer un seguimiento de sus niveles de estrés, lo que les permitiría tomar la iniciativa en caso de incidencia. Porque el superagente de viajes del futuro tendrá un sexto sentido para conocer las preferencias de su cliente; un séptimo sentido para averiguar, de acuerdo con el contexto, las necesidades puntuales; un octavo sentido para extender sus ojos, sus oídos y sus manos y acompañarle siempre… Y todos esos sentidos tienen un solo nombre: tecnología.