Gustavo Martín Garzo

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La flor azul

Hay dos tipos de viajes: los que realizamos por el mundo exterior, en busca de otros lugares y otras gentes, y los que realizamos por nosotros mismos. El viaje objetivo y real, y el de nuestros pensamientos y nuestra memoria, pues también la memoria es un viaje y, al recordar, no hacemos sino visitar los lugares que guardan las huellas de nuestra vida. En Mister Arkadin, la película de Orson Welles, hay una escena rodada en ciudades distintas que, por obra del montaje, se percibe como un paseo de sus protagonistas por un único lugar.

Creo que en la vida no sucede otra cosa, y que todas las ciudades en las que hemos vivido se superponen y coexisten, haciendo que hasta el más elemental de nuestros gestos pueda proyectarnos a tiempos y espacios insospechados. Vamos por una calle cualquiera y de pronto estamos en otra por la que anduvimos veinte años atrás, paseando por la ciudad del recuerdo.

Biografía. Escritor vallisoletano (1948), ganador del Premio Nadal y del Nacional de Narrativa, entre otros galardones. Este año ha publicado La ofrenda en Galaxia Gutenberg.
‘Mister Arkadin’. Película dirigida por Orson Welles en 1955, protagonizada por el propio Welles, Michael Redgrave y Akin Tamiroff.

Un cuento sabio y antiguo cuenta la historia de un hombre que busca por todo el mundo el tesoro sin precio –una flor azul o una seta mágica– tan solo para terminar descubriendo que esa flor siempre estuvo en el umbral de su casa. Los judíos llaman aggadah a estos cuentos que contienen una enseñanza para quienes los escuchan. Y la enseñanza del nuestro no puede ser más clara: el verdadero viaje es el que realizamos en nuestro propio interior. Visitamos lugares, nos abrimos a otros mundos y a otras formas de vida, pero ese viaje, si de verdad merece la pena, también debe ser un viaje por nuestro propio corazón. Todo estaba en ese corazón, nos dice el cuento de la flor azul.

Todo viaje nos lleva por lugares que existen y por lugares soñados

¿Quiere decir esto que no hace falta viajar, que no es preciso moverse del lugar en que vivimos, ya que todo lo que podemos desear lo encontraremos en él? ¿O tal vez el cuento nos dice lo contrario? ¿Que solo abandonando ese lugar, nuestra identidad, nuestro nombre, podremos descubrir al regreso el tesoro que se ocultaba en él? Nadie, tal es el nombre del viajero en La Odisea.

Este libro, que narra las aventuras de ese viajero, nos enseña que todo viaje nos lleva a la vez por lugares que existen y por lugares soñados. Porque siempre son dos los que viajan. Unas veces son un mudo y un ciego: el que ve aquello de lo que no sabe hablar y el que habla de aquello que solo ve en sus sueños. Otras, un niño y un viejo: quien aún no sabe nada y aquel que renuncia a saber. Y otras, en fin, un cuerdo y un loco: quien solo piensa en el regreso y quien no sabe volver. Pero es el loco, el niño o el mudo, quien pone en las manos del cuerdo la flor azul.