Santiago Díaz

629

Viajar a cámara lenta

Qué harías si te dijeran que solo te quedan dos meses de vida? Esta es la pregunta que ha de hacerse Marta Aguilera –el personaje principal de mi novela– cuando le diagnostican un tumor en fase terminal. Como Marta es la protagonista de un thriller de ficción, decide acabar con unos cuantos canallas antes de irse al otro barrio… Pero, ¿qué harían las personas de carne y hueso como nosotros en semejante tesitura?

Biografía. Madrileño de 1971. Ha trabajado durante más de 20 años como guionista de series tales como El secreto de Puente Viejo o Yo soy Bea. Acaba de publicar su primera novela, Talión.
‘Thriller. Película o narración de intriga y suspense (DRAE).
Budapest. Brasil 22° 54′ 30″ S 43° 11′ 47″ O

Cuando empecé a escribir la novela me dediqué a preguntarle eso mismo a familiares y amigos y me sorprendieron con todo tipo de respuestas, pero había una que se repetía más a menudo que las demás: VIAJAR. Eso generó en mí otra serie de preguntas para las que cada uno de nosotros tenemos diferentes respuestas: ¿por qué viajar nos provoca tanto placer? ¿Qué buscamos realmente cuando nos alejamos de nuestro lugar de residencia? ¿Por qué nos gusta irnos cuanto más lejos, mejor? En mi caso concreto, todas las respuestas tienen que ver con los libros, y es que he aprendido a disfrutar de los viajes gracias a la lectura.

Cuando era más joven, solo buscaba un lugar con playa por el día y marcha por la noche en el que exprimir cada minuto de mis vacaciones. Ahora, aunque no le hago ascos a unos días tirado en una tumbona sin más preocupaciones que decidir entre cerveza o tinto de verano, me encanta pisar lugares en los que ya he estado a través de las novelas que caen en mis manos.

Puedo asegurar que no es lo mismo visitar el Coliseo romano después de leer alguna de las fantásticas trilogías de Santiago Posteguillo; que se ve de otra manera el campo de concentración de Mauthausen una vez leído el relato que hace Ignacio Mata Maeso del paso de su tío abuelo por aquel escalofriante lugar; que se disfruta infinitamente más de Nueva York cuando se ha tenido la oportunidad de leer a Paul Auster, o que no se parece en nada el Río de Janeiro de las guías turísticas al que retrata Jorge Díaz en Los números del elefante.

Me encanta estar en el sitio exacto donde ya estuvo un personaje que me haya hecho sentir algo, mirar a mi alrededor e imaginarme que se fijaría en algún detalle que yo veo en ese momento. Y sé que, aunque muchas veces solo se trate de un ser de ficción, su creador no lo es, y seguramente él sí haya estado allí mismo en alguna ocasión mirando hacia todas partes, haciéndose las mismas preguntas que pueda hacerme yo.

Y es que, aparte de visitar paisajes ya narrados por otros, los que nos dedicamos a contar historias también tenemos que descubrir sitios especiales en los que vayan a moverse nuestros personajes. Y eso se logra viajando, explorando y manteniendo bien abiertos los ojos porque, se mire para donde se mire, siempre hay una historia que contar que encaja como anillo al dedo en un determinado lugar. Solo hay que saber buscar.