Inteligencia artificial… y natural

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Fernando Cuesta, director general de Amadeus España.

Fernando Cuesta, director general de Amadeus España.

Siempre es interesante parar y hacer balance y diciembre es, claramente, mes propicio. Sin embargo, permítanme que en esta ocasión me salte el protocolo y no les hable del pasado. Mejor hablemos de futuro, porque estamos en fase de transformación y cambio. Todos nosotros. Y cuando eso sucede es tiempo de felicitarse. Estamos a las puertas de una verdadera revolución, una más, en el mundo de los viajes. Una revolución que vendrá nuevamente –no podría ser de otra manera– de la mano de la tecnología. La inteligencia artificial y, concretamente, la rama que estudia la manera en la que las máquinas aprenden (machine learning) comienzan a formar parte del vocabulario: señal inequívoca de que algo grande está pasando.

La tecnología del futuro no solo funcionará con ese “sentido común” que hasta hace poco creíamos exclusivamente humano. También será capaz de mejorar la inteligencia humana gracias a su portentosa capacidad para procesar, analizar y aprender de la observación de tipos de situaciones.

En nuestros días, ya no es necesario programar a una máquina indicándole los movimientos de las figuras del ajedrez para enseñarle a jugar. Basta con que la máquina observe cientos de miles de partidas para que saque sus propias conclusiones… y se convierta por sí misma en una experta ajedrecista.

Las máquinas que piensan y que aprenden no serán ciencia ficción. Serán cosa del día a día en sectores como el nuestro. El reconocimiento facial o el análisis de las reacciones de las personas en un entorno donde la seguridad es clave como, por ejemplo, un aeropuerto, será solo una de las aplicaciones prácticas inmediatas de nuestras máquinas inteligentes.

La creatividad, la imaginación y la empatía serán valores en alza

Al fin y al cabo estamos ante tecnologías capaces de liberar a los humanos de buscar, entre millones de individuos, gestos y objetos comunes, aquellos que pudieran resultar sospechosos, activando las alertas solamente cuando algo o alguien no encaja con el patrón de lo considerado normal.

Tendremos en nuestras manos tecnologías que permitan organizar viajes multidestino que cubran diferentes modalidades de transporte y alojamiento, posiblemente, en un futuro no tan lejano, incluso con un billete único.

Recorreremos el interior de los aviones y las habitaciones de hotel mediante soluciones de realidad aumentada que nos permitan seleccionar y reservar desde nuestras casas o desde las agencias de viaje el asiento, el servicio a bordo o el servicio complementario que más nos convenga. Robots de tipo androide amenizarán la espera en las agencias preguntando a los clientes y realizando una preselección previa antes de ser atendidos por el profesional humano.

Pero no nos confundamos: que la tecnología sea el principal motor no significa que nuestro papel como profesionales vaya a verse mermado. Más bien todo lo contrario. Liberarse de las tareas más rutinarias y más repetitivas nos abre a nuevas perspectivas y nuevos retos. Nos obligará a replantearnos nuestro valor como profesionales y como expertos.

La rapidez, la productividad, la eficiencia o la práctica dejarán de ser valores absolutos, porque –para bien o para mal– cualquier robot podrá ganarnos fácilmente en esas lides.

La imaginación, la creatividad o la empatía serán los valores en alza. La capacidad de saltarse las reglas cuando la situación lo exija, la originalidad y la inventiva serán algunas de las características fundamentales del profesional del futuro. Da vértigo, es cierto, pero emociona.

Dejaremos atrás al homo productivo para avanzar hacia el homo creativo. O mejor dicho, al homo creador en toda la extensión de su palabra. Estamos a las puertas de una nueva era. Y el año que comienza dentro de pocas semanas, y que les deseo enormemente feliz, será tan solo el primer paso. Estamos orgullosos de poder darlo a vuestro lado.