Jorge Blas

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Viajar, una forma de teletransportarse

Cuando tenía 12 años creía firmemente en la teletransportación. Lo había visto en una antigua película llamada La máquina del tiempo, basada en la novela de H.G. Wells, y tenía que ser cierto: la materia se trasladaba en pequeñas partículas viajando por el espacio tiempo.

Sí, lo has adivinado, era un niño muy friki, pero me encantaba la idea de poder estar en un lugar y, de pronto, ¡blup!, estar en otro. Y, si encima podías elegir el año, mucho mejor. ¿Te imaginas viajar al renacimiento y conocer a Leonardo? ¿O viajar en un segundo a Hong Kong, y en otro a Toronto? Mis padres pensaban que me había vuelto loco, e ignoraban completamente esta posibilidad, pero yo no me daba por vencido: cerraba los ojos y creía que era factible aparecer en la otra parte del mundo.

Esa curiosidad por descubrir y explorar mundos desconocidos me llevó un día a encontrarme con la magia, y esta se convirtió en mi profesión. Con ella recuperé a ese niño que descubría mundos imaginarios desde la cama de su habitación, mirando al infinito a través de una ventana mágica en la pared de mi cuarto, cuando en realidad no iba más allá del póster que estaba mirando.

[quote_left]Mientras se descubre el fenómeno de la teletransportación, la mejor forma de hacerlo es viajar[/quote_left]

En los últimos años, empleando artes mágicas he sido capaz de crear el efecto de ilusionismo en el que teletransporto a una persona. Sí, sí, lo has leído bien: una persona está en un lugar e inmediatamente está en otro. ¿Inexplicable? Tal vez. Pero, como decía el escritor británico Arthur C. Clarke: “Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Así que entiendo que, en realidad, la teletransportación ¡sí que es posible! Pensarás que me he vuelto loco, ¡como mis padres! Pero no soy el único que cree firmemente en este fenómeno: pruebas científicas recientes han demostrado que, aislando un átomo, este puede ir desde A hasta C sin pasar por B, y esto ya es un primer paso para la teletransportación.

Mientras se descubre el fenómeno, y se descubrirá… la mejor forma de teletransportarnos es viajar. No hay nada que disfrute más que un buen viaje, ya sea en tren, avión o incluso en coche. Me gusta prepararlo a conciencia, hacer la maleta, decidir ¿qué me llevo?, ¿qué no? Y cambio de opinión hasta el último minuto.

En todo viaje hay dos momentos mágicos. El primero es el instante que comienza: despega el avión, arranca el tren, comienzas a conducir… El segundo es el de llegar al destino. Pero no olvidemos que todo lo que pasa entre medias es tan importante como esos dos momentos, así que ¡aprende a disfrutarlo!

Siempre queremos llegar muy rápido de A a C, como el átomo, cuando lo realmente interesante es disfrutar el tiempo y el proceso de viajar. Así descubrirás, como en aquella gran película de Bill Murray, Atrapado en el tiempo, que hay dos posibles lecturas de la realidad, y lo verdaderamente interesante es aprender a ver el lado positivo de cada situación.

Eso hacemos los magos en nuestro trabajo: convertir lo cotidiano en extraordinario. Permíteme que comparta un secreto extraordinario contigo: todos llevamos un mago dentro capaz de hacer cosas que ni siquiera imaginamos. Por tanto, ahora tú eres el mago: 3, 2, 1… ¡Blup! Teletranspórtate.