Lecciones aprendidas

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Fernando Cuesta, director general de Amadeus España.

Fernando Cuesta, director general de Amadeus España.

Decía Woody Allen que es normal inquietarse por el futuro, porque lo cierto es que vamos a pasar en él el resto de nuestras vidas. Sin embargo, también cabría preguntarse de qué nos sirve tanta inquietud cuando el futuro siempre llega y, en cierto modo, no dejamos de inaugurar etapas a cada instante. Ya estamos en enero de 2016, tenemos frente a nosotros un nuevo Fitur y acabamos de comenzar un año que, muy probablemente, supondrá el fin de las vacas flacas. Afrontamos también un nuevo panorama político que, mientras escribo estas líneas, continúa siendo más inestable de lo que a todos nos gustaría. Hay nuevos proyectos, nuevas caras, nuevas ilusiones.

Por haber, hay incluso una nueva firma en el editorial de esta revista que tienen entre sus manos, lo que indica que para mí este también es tiempo de desafíos e ilusiones que emprendo desde mi nuevo puesto de director general de Amadeus España.

He aquí el futuro más inmediato. Ya estamos inmersos en él. Pero nosotros no somos los mismos. A nuestras espaldas hemos dejado unos años que han exigido, en la mayor parte de los casos, lo mejor de nosotros mismos. Años que nos han obligado a pelear, pero que también nos han dejado unas lecciones inolvidables. Y eso es lo que cuenta.

[quote_left]Las agencias son el canal más eficiente y con mayor conversión[/quote_left]

Hemos aprendido, por ejemplo, que la unidad y la colaboración son claves fundamentales para seguir adelante. Eso lo saben a la perfección tanto las empresas que se han fortalecido mediante su agrupación en asociaciones o grupos de gestión como quienes conocen la importancia de actuar de manera coordinada para defender los intereses generales del sector. También son muy conscientes de ello todos los que han comprendido que es preciso apoyarse en socios proveedores que sean verdaderos aliados estratégicos con los que caminar de la mano y crecer de manera conjunta.

Hemos aprendido también que la agencia es mucho más de lo que tal vez, en épocas pasadas, imaginábamos. No es una oficina de venta al uso, ni un mero intermediario que se limita a revender el producto que diseña otro. Ni mucho menos. Triunfa la empresa que ha redefinido su negocio, la que es capaz de enunciar con toda claridad el valor que aporta a la cadena del viaje y hacerlo explícito ante su cliente, pero también ante la aerolínea, ante el hotel o la compañía de alquiler de coche. Para el proveedor, las agencias continúan siendo el canal más eficiente y con mejor conversión, y el retorno que reciben de él es significativamente más alto que el conseguido en otros canales. Para el viajero, no hay actor que pueda aportar un servicio más personalizado ni que mejor responda a sus necesidades habituales o puntuales.

Hemos aprendido mucho, muchísimo. Y por eso mismo el futuro se presenta halagüeño. Es hora de afrontar una nueva etapa, ajena a las burbujas y a los crecimientos en falso y basada en el realismo y la fortaleza de un sector que, sin estirarse artificialmente, hoy en día tiene mucho, muchísimo, que dar de sí.

Tenemos ante nosotros un lienzo en blanco y, afortunadamente, un emocionante porvenir que trazar juntos. Y yo ya sé el paisaje que deseo que las agencias de viaje vean en Amadeus España al final de 2016: el de una empresa que les conoce mucho y muy de cerca, y que a lo largo de este año habrá sabido ser clave para el desarrollo y el crecimiento de su negocio.