María Dueñas

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El alma del tiempo

La Templanza, mi más reciente novela, cruza tres escenarios enormemente seductores para los lectores y los viajeros. México es el territorio que abre la historia: la ciudad de México en 1861, apenas cuarenta años después de su independencia, cuando ya era una de las urbes más bullentes de las Américas. En el perímetro de lo que hoy se conoce como el Centro Histórico encajo el arranque de las peripecias de Mauro Larrea, un rico empresario de la minería de la plata de origen español que queda en la ruina más absoluta al perder una descomunal inversión. Por esta cuadrícula de vías perpetuamente repletas de vida y bullicio transita Mauro; a veces va a pie, en alguna ocasión a caballo, y muy a menudo subido a su berlina. Cuando he vuelto a recorrer sin prisa las calles del Centro Histórico del DF, me han ido saliendo al paso multitud de rincones y fachadas que aún mantienen el alma de aquel tiempo. Contemplar la inmensidad del zócalo flanqueado por la catedral, el Palacio Nacional y el antiguo Palacio del Ayuntamiento sigue encogiendo el corazón.

Acuciado por la necesidad imperiosa de saldar sus deudas, Mauro Larrea saltará a Cuba. La Gran Antilla constituía por entonces casi el último bastión del caduco imperio español; una isla desbordante de posibilidades gracias al cultivo del azúcar, el tabaco y el café. En La Habana desembarca, en un puerto opulento y vibrante donde los negocios y las fortunas florecían con facilidad. En aquella época de mediados del XIX, el imparable crecimiento urbano había ya desbordado las murallas originales que blindaban lo que hoy se conoce como La Habana Vieja, pero la subtrama habanera se ubica fundamentalmente en esa zona y sus cercanías: en lo que fue –y en gran manera sigue siendo– el corazón de la ciudad. Recorrer hoy ese puñado de kilómetros cuadrados asomados al mar y repletos de historia, belleza y nostalgia es tremendamente emocionante: imaginar que en las calles O’Reilly y Obispo se cotizaban los locales a precios exorbitantes, evocar las cálidas noches de retreta en la plaza de Armas o los dulces paseos por la Alameda de Paula al anochecer.

En México DF, contemplar la inmensidad del zócalo flanqueado por la catedral, el Palacio Nacional y el antiguo Ayuntamiento sigue encogiendo el corazón

Una serie de carambolas marcarán un nuevo rumbo en la vida de Mauro Larrea, haciéndole cruzar el Atlántico para retornar a la vieja patria que le vio nacer. En España será recibido como uno de aquellos indianos que retornaban a la Madre Patria ricos y exuberantes tras haber triunfado al otro lado del océano. Solo que, aunque pretenda ocultarlo tras su facha de atractivo hombre de ultramar, arriba escaso de capitales y sobrado de urgencias y desconcierto. Lo recibirá un Jerez espléndido que vive uno de sus momentos de mayor gloria gracias al comercio internacional y, sobre todo, al fuerte vínculo de las bodegas jerezanas con Inglaterra. Y en este sur del sur, la pasión por una mujer y un puñado de circunstancias, intrigas y aventuras, alterarán para siempre su destino de una forma que jamás llegó a sospechar.