Patricia Almarcegui

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Volver

Hay una pregunta que me suelen hacer: ¿a qué destino quiere viajar ahora? Una, que ya tiene cierta edad o, lo que es lo mismo, lucha e invoca la memoria y el olvido, contesta: “Volver. Deseo volver a los sitios que he amado”. Lo deseo porque me gusta reconocerlos, porque creo en la topofilia como forma de vida y sé que, cuando retorne a los lugares, me devolverán lo que era y pensaba. Y sobre todo: porque soy melancólica. Aquí van algunos de esos lugares. Secretos que hago públicos y que se pueden seguir como un itinerario. Se llamará: Guía de viajes de la melancolía.

Galle. ¡Ya he vuelto! Aún iría una vez más, acompañada. Es una muralla de coral incrustado que retiene un océano gris y una tierra albera. Un pueblo seductor hecho de improntas coloniales portuguesas, por eso parece tan hermoso: se reconoce. El lugar donde más cambia la luz y más atenta hay que estar a la sucesión del tiempo. El único sitio donde me compraría una casa..

Biografía. Escritora, profesora de Literatura y trotamundos empedernida, publicó en 2016 ‘Una viajera por Asia Central. Lo que queda del mundo’.
‘Ise monogatari’. Colección de relatos cortos japoneses, que data del periodo Heian (siglo X).
Sidi Ifni. Ciudad marroquí, antigua colonia española. 29°23′00″N 10°10′00″O

Ormuz. La isla de los mil colores y geometrías. La vi de la mano de un pintor y eso es un privilegio. Me hizo oler el rojo, entrar en las montañas de sal y pasar la lengua por las piedras. A la puesta de sol, rodeamos la isla con una barca entre cervezas y gambas. La contemplé desde el mar. Nunca más volveré a ver un sitio de esa forma. La melancolía más grande.

Weimar. El lugar que tiene y retiene más alta cultura por metro cuadrado. Allí viven: Liszt, Bach, Nietzsche, Goethe, Schiller, los integrantes de la Bauhaus. Beber una jarra de cerveza mientras se lee Poesía y verdad de Goethe entre olor a salchichas de cerdo rodeada de jóvenes estudiantes. Comprobar la baja estatura del poeta al ver su diminuto carruaje. Dudar si ir o no a visitar Buchenwald. Weimar, el lugar que tiene y retiene la ignominia más alta por metro cuadrado.

firma-2-02Ise. Llegar a los monasterios sintoístas siguiendo los ise monogatari. Darte cuenta de que no tiene nada que ver con el libro. A veces ocurre, una se equivoca totalmente. Sentir algo extraño al atravesar un puente. Sentarme y dejar por fin de esperar. Inmersa en la naturaleza, en el tiempo. Veinte, treinta, cuarenta minutos. ¡Sin pensar! Los templos sintoístas no se destruyen, se cambian de sitio cada 25 años. Se guardan las maderas y se trasladan para levantar uno nuevo.

Entre Mirleft y Sidi Ifni. Es diciembre hace frío y el color y el olor es el del Atlántico gris. No hay nadie por las carreteras que bordean el mar. Si sigues recto llegas al Sáhara, a Mauritania. Sidi Ifni es un error geográfico. Nieblas cerradas, aprisionada entre el monte Bu Laalam y la costa acantilada. Los surferos y hippies jubilados europeos pasan allí el invierno. Es barato y hay buen hachís.

Menorca. Tanto he viajado y aquí vivo. El lugar más hermoso que conozco. Hace tiempo que decidí que ya no quería volver. Ver todos los días el sitio que amo. Vivo en Menorca hace cuatro años.