Seguir volando

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Paul de Villiers, director general de Amadeus España.

Paul de Villiers, director general de Amadeus España.

El 24 de marzo tuve la oportunidad de asistir a The Future of Travel, un evento de The Economist en el que se daban cita algunos de los máximos representantes del sector del viaje. Directivos de aerolíneas y cadenas hoteleras, miembros de asociaciones, gobiernos y organizaciones internacionales debatían sobre el futuro de los viajes, poniendo el acento en el crecimiento imparable de una de las actividades que más riqueza genera en todo el mundo.

En ese contexto de confianza en un sector tan apasionante para las economías, las sociedades y, por supuesto, las personas, la noticia del accidente del vuelo de Germanwings 9525 fue un mazazo para los asistentes. De súbito, junto a las perspectivas de crecimiento y las tendencias, aparecía la tragedia, cruelmente personificada en la pérdida de 150 vidas.

A partir de entonces fue difícil concentrarse en las ponencias. En la calle y en los medios de comunicación el debate era otro: la seguridad aérea, la tecnología de las aeronaves, las revisiones y antigüedades de los aparatos… y la idoneidad psicológica de los pilotos, ya que pocos días más tarde se hacía pública la que es, a día de hoy, la causa más plausible del siniestro: un acto intencionado por parte del copiloto.

Se dice más pronto de lo que se digiere. Y no deja de ser tristemente paradójico que uno de los principales motores del sector del viaje y, por extensión, del desarrollo económico, el avión, tuviese el pasado mes de marzo un doble filo tan terrible.

[quote_left]Hemos de seguir volando y borrando distancias entre las personas[/quote_left]

Sin embargo, aun en medio del dolor y el luto, nada puede hacernos dudar de una evidencia: el avión es, y seguirá siendo por mucho tiempo, el medio de transporte más seguro. Lo dicen la experiencia y los datos, que concluyen que la posibilidad de sufrir un accidente cuando nos subimos a un coche es de una entre 360.000, pero se reduce a una entre 4,4 millones si tomamos un avión. Así que podemos hablar de protocolos de actuación y revisar una por una todas las medidas de seguridad previas y durante el vuelo. Es obligación de los responsables el hacerlo. Pero sin olvidar que cada año que pasa, el transporte de pasajeros en avión es más seguro.

Por eso me sorprende esa condición tan humana, de poner por delante la percepción de la seguridad por encima de la seguridad misma. Un accidente aéreo, por puntual y fortuito que resulte, llena páginas de periódicos y minutos de radio y televisión y arroja sombras de inquietud, aunque sea brevemente. Nuestra parte animal reivindica el derecho a sentir miedo a volar mientras que algunos incautos, extremadamente seguros al volante de sus coches, se permiten el lujo de consultar su móvil mientras conducen. Así de inconsistentes somos en nuestros temores.

La desgracia del vuelo 9525 me ha llenado de pesar por esas vidas segadas, y por el terrible dolor de la pérdida para esas familias y amigos, con quienes deseo solidarizarme desde esta página. Demuestra, nuevamente, que vivimos en un mundo a veces terrible, donde más de 1.700 inmigrantes han muerto este año al cruzar el Mediterráneo, donde supuestas ideologías sirven de coartada para crueles asesinatos y el delirio de un demente acaba con 150 vidas en los Alpes.

Pero como miembro de este sector, como viajero de ocio y de negocios y como padre, habré de seguir volando. Habremos de seguir volando. Porque nada ni nadie tiene derecho a ponerle trabas a un mundo que desea viajar y borrar distancias entre las personas.