Carlos Díez de la Lastra

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Carlos Díez de la Lastra
CEO/Director general de Les Roches Marbella International School of Hotel Management.

¿Hace falta talento para innovar?

A principios de este verano, el centro universitario que dirijo en España organizó en Madrid un Foro Internacional relacionado con el avance de la economía turística española. Entre las conclusiones más importantes de este encuentro –en el que tuvieron voz las personalidades políticas y empresariales más relevantes del sector– destacaron las que se refirieron a la educación como la gran baza que, en este preciso instante, ha de entrar en juego para ayudar a estabilizar la imparable expansión turística.

Taleb Rifai, secretario general de la Organización Mundial del Turismo (OMT), insistió en el foro en la importancia del emprendimiento y en la necesidad de invertir en una educación especializada para formar a los futuros líderes y, textualmente, expresó: “Existe una brecha entre la educación y las necesidades reales del sector y hay que apostar por quienes contribuyen a disminuir esa fisura, ofreciendo programas innovadores. Cuando conectamos la educación con el turismo estamos uniendo dos fuerzas que pueden hacer de este mundo un lugar mejor. Sin desarrollo del capital humano no seremos sostenibles como industria”.

En aquel entonces aún no sabíamos que superaríamos con creces los prometedores datos previos y que este verano de 2016 establecería un récord de visitas por encima de lo esperado. Vivimos un boom turístico y, aun con eso, hace tiempo que en todo el mundo suenan algunas alarmas, que ahora también se empiezan a escuchar en España, donde la industria turística tiene una trascendencia vital para el buen funcionamiento del país.

Las escuelas debemos anticiparnos en la capacidad de preparar a nuestros alumnos para una demanda y comportamiento que aún no existen

Una de esas alarmas procede, cómo no, de la mano de la vertiginosa revolución tecnológica que domina ya el sector. Destinos históricamente consolidados en los canales tradicionales de distribución ven diluirse su protagonismo en el escenario turístico actual y ya son varias las grandes multinacionales hoteleras que han tenido que dar marcha atrás y reconsiderar algunas de sus estrategias supuestamente ganadoras para el futuro. Y todo ello, ¿por qué? Por la inmediatez. Solo los directivos y las empresas que se sientan cómodos y sepan gestionar la inmediatez tendrán opciones de ganar… o, en ciertos casos, de sobrevivir.

LA REGENERACIÓN COMO OPORTUNIDAD
Además de por el número de turistas, la industria se ha visto condicionada por el cambio del perfil del turista. Digamos que el usuario, gracias a las nuevas tecnologías sociales, ha tomado realmente el mando a la hora de marcar tendencias, y que esto ha cambiado las reglas del juego, afectando tanto a las empresas del sector como a los centros de formación.

La capacidad de respuesta y gestión de la inmediatez es lo que ha diferenciado a quienes han visto en esta regeneración una oportunidad o una ruptura. Los primeros han evolucionado y los segundos se han quedado atrás. La velocidad con la que el cliente, entendido como demanda, hace variar y crear nuevas tendencias es abrumadora.

Innovación

La complejidad y fugacidad con la que se crean y destruyen conexiones entre colectivos, servicios y marcas obliga a nuevas habilidades de gestión blink o pestañeo, como anticipó Malcolm Gladwell. La buena noticia es que las oportunidades de negocio cada vez son mayores y las barreras de entrada, cada vez menores. La mala es que las reglas ya no se aprenden sino que se anticipan: la ventaja no la seguirá dando la posición, sino el binomio innovación/capacidad donde, además, innovación es el factor multiplicador.

Definitivamente, hace falta talento para innovar. Pero el talento capaz de innovar de forma exitosa en un entorno de reglas y límites tan ambiguos como el actual debe estimularse y entrenarse de acuerdo al ritmo y códigos que marcan las nuevas tecnologías. Cada vez son más los estudios que confirman la diferencia de funcionamiento cerebral que se ha producido en este último salto generacional, y cada vez serán también más los casos de éxito o fracasos que se detecten entre las empresas que no han sabido incorporar nuevo talento o entenderlo entre las universidades y centros formativos que no hayan sabido adaptarse a lo necesario para estimular el máximo rendimiento del mismo.

PROFESIONALES DE ANTES Y DE AHORA
El gran desafío que tenemos que asumir desde las escuelas de alta dirección hotelera internacionales es anticiparnos en la capacidad de preparar a nuestros alumnos para un tipo de demanda y comportamiento que aún no existen, y eso exige formar alumnos sobresalientes, multiculturales y con base de experiencias desde distintas dimensiones del proyecto que estén preparados para actuar y ofrecer valor diferencial de forma inmediata desde el primer día: intraemprendedores que dinamicen, innoven y hagan evolucionar sus empresas desde dentro. Directivos ágiles y emprendedores que dispongan de talento útil en entornos de incertidumbre, que abran nuevos caminos de explotación.

Pero el futuro también está en aquellos directivos y profesionales actuales que están entendiendo la diferencia entre escenarios turísticos del pasado, donde los canales de reserva, características de la oferta y hábitos turísticos tenían un ciclo de vida bastante largo y la formación recibida podía mantener vigente al profesional por largos periodos de tiempo; y el actual, donde los cambios de tendencia, modelos de gestión y flexibilidad de la oferta son tan dinámicos, que la actualización del profesional que debe decidir estrategias o que interactúa y da servicio al cliente es algo obligado que requiere más momentos de formación, más breves y especializados en el sector.

En medio de esta revolución turística, la transformación del equipo humano será más que nunca clave para el entendimiento entre las empresas hoteleras tradicionales y las nuevas formas de hacer turismo. En el fondo, trabajamos en una industria que tiene como objetivo atender a las personas y la necesaria innovación tecnológica, que tanto ha incidido e incide en la evolución turística, en nuestro sector se humaniza. Debemos concienciar y entrenar a los líderes del sector en la importancia de su capacidad para entender e interpretar de forma ágil y correcta el comportamiento del nuevo tipo de consumidor y su interacción tecnológica.

El turismo, afianzado ya como el empleador privado más grande del mundo, está plenamente inmerso en una nueva estratificación de perfiles profesionales. El talento para innovar y adaptarse con inmediatez será lo que definirá a los profesionales capaces de ocupar las futuras posiciones y perfiles de más valor.